Lo siguiente es un listado de los principios fundamentales de fe de SU Fundamento.
1. La Autoridad de la Biblia
Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios. (2 Timoteo 3:16; 2 Pedro 1:21), plena y verbalmente inspiradas por el Espíritu Santo, e inerrantes en sus manuscritos originales. Es nuestra guía suprema e infalible para la fe y la vida, revelando la voluntad de Dios para la humanidad.
2. La Persona de Dios y la Salvación en Cristo
Creemos en Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, manifestado en carne.
Nació de la virgen María por obra del Espíritu Santo, vivió una vida sin pecado, fue crucificado, murió y fue sepultado. Al tercer día, resucitó corporalmente y ascendió al cielo, donde ahora reina a la diestra del Padre (Lucas 1:34; Romanos 4:25; Filipenses 2:9-11).
Jesucristo existía desde antes de la creación del mundo (Juan 1:1-2), y por medio de Él fueron hechas todas las cosas (Juan 1:3).
El único Dios verdadero es el Dios de la Biblia, quien se ha revelado plenamente en la persona de Jesucristo. Solo en Él hay salvación, tal como enseñan las Escrituras (Juan 14:6; Hechos 4:12).
3. La Expiación y Redención
Creemos que la sangre derramada por Jesús en la cruz hizo expiación por los pecados del mundo (Juan 3:16) y trajo redención a su pueblo, Israel (Lucas 1:68).
Según las Escrituras, sin derramamiento de sangre no hay remision de pecados (Hebreos 9:22).
4. El Pecado y Condición Humana
Creemos que el pecado es la transgresión de la ley de Dios (1 Juan 3:4), y que todos los seres humanos han pecado (Romanos 3:23). La consecuencia del pecado es la muerte (Romanos 6:23).
Dios es el autor de la ley, y como afirmó el apóstol Pablo: “La ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido al pecado”(Romanos 7:14), entendemos que la ley de Dios es santa, justa y eterna.
5. La Salvación
Creemos que la salvación es por gracia, mediante la fe, en la obra completa de Jesucristo, y no por obras humanas (Efesios 2:8-9).
Reconocemos que la ley por sí sola no puede justificar al pecador (Éxodo 34:7; Romanos 3:19-20). La justificación solo es posible por la gracia de Dios, mediante la fe en Jesucristo, quien pagó el precio de nuestros pecados en la cruz (Efesios 2:8).
6. La Salvación: Un Proceso Integral
Creemos y entendemos que la salvación es un proceso que abarca todo el ser humano: espíritu, alma y cuerpo (1 Tesalonicenses 5:23). Este proceso se desarrolla en tres etapas:
Justificación: Es la salvación del espíritu, recibida por medio de la fe.
Santificación: Es la transformación progresiva del alma, a través del crecimiento espiritual y la obediencia a la Palabra de Dios.
Glorificación: Es la redención final del cuerpo, que se cumplirá en la resurrección futura.
7. Resurrección y el Futuro Eterno
Creemos en la resurrección de los muertos y en un estado futuro de recompensas y castigos conforme a lo revelado en las escrituras (Apocalipsis 20:12).
La primera resurrección será para los vencedores, quienes reinaran con Cristo durante mil años (Apocalipsis 20:1-6); posteriormente, en la segunda resurrección resucitaran el resto de los muertos, incluyendo aquellos cristianos que no alcanzaron a ser vencedores.
8. La Ley de Dios como Revelación Divina
Creemos que las leyes, estatutos y juicios contenidos en la Biblia constituyen la revelación divina que define lo que es el pecado y lo que es la justicia (1 Juan 3:4; Romanos 7:7).
Los principios generales, como el amor (Juan 15:12) y la fe (Romanos 14:23), se expresan y aplican de manera práctica a través de los mandamientos específicos de la Ley de Dios.
9. El Origen de los Derechos y el Rol del Gobierno
Creemos que todos los derechos humanos tienen su origen en Dios, quien es la fuente de toda autoridad y justicia. El papel legítimo del gobierno es proteger y defender esos derechos dados por Dios.
Por lo tanto, cualquier ley que contradiga esta verdad es, en esencia, inválida y opuesta a la justicia divina.
10. La Verdadera Identidad Israelita
Creemos que la verdadera identidad israelita no se basa en el linaje biológico, sino en la fe y la obediencia a Dios.
Así como Jacob fue llamado Israel por haber perseverado (Génesis 35:10), aunque ningún ser humano puede vencer a un ángel, entendemos que solo quienes siguen su ejemplo de fe y fidelidad son dignos de llevar ese nombre.
Es un remanente fiel quien ha conservado ese título con justicia, junto con todos los que forman parte de la casa de la fe (Romanos 11:7).
11. Victoria Sobre el Mal
Creemos que Dios, en su soberanía, permitió la existencia del mal como parte de su plan eterno, con el propósito de revelar plenamente su carácter, poder y gloria.
Las Escrituras ilustran esta verdad con el ejemplo del Faraón, quien intentó oprimir a Israel, pero cuya resistencia sirvió para que el poder de Dios fuera manifestado:
“Porque la Escritura dice a Faraón: ‘Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra’” (Romanos 9:17).
Porque la Escritura dice a Faraón: “Para esto mismo te he levantado, para mostrar en ti mi poder, y para que mi nombre sea anunciado por toda la tierra.”
Incluso el pecado, aunque condenado, cumple un propósito dentro del diseño soberano de Dios. Cuando Satanás intentó corromper a la humanidad en el Edén, ese acto fue usado por Dios como medio para manifestar tanto su gracia como su justa ira.
Aunque cada ser humano es moralmente responsable por sus acciones, todo ocurre dentro del marco del propósito divino, por medio del cual Dios revela su naturaleza y su poder.
“¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que él preparó de antemano para gloria?” (Romanos 9:22–23).
Creemos que, aunque el mal es una realidad presente en el mundo —y amplificado por la influencia de Satanás—, Dios sigue siendo completamente soberano sobre la historia, sobre las naciones y sobre nuestras vidas. El mal es temporal, y la victoria final pertenece a Dios.
“Luego el fin, cuando entregue el reino al Dios y Padre, cuando haya suprimido todo dominio, toda autoridad y potencia. Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies […] y el postrer enemigo que será destruido es la muerte […] para que Dios sea todo en todos” (1 Corintios 15:24–28).
12. El Pacto de Dios con Israel
Creemos que Dios escogió soberanamente a los descendientes de Abraham, a través de Isaac y Jacob solamente (Amós 3:2; Romanos 9:7), para formar un pueblo especial para sí mismo (Deuteronomio 7:6).
Creemos también que Dios estableció un pacto con Israel en el monte Sinaí, el cual fue un compromiso legal y espiritual comparable a un pacto matrimonial (Éxodo 19). Este pacto estaba condicionado a la obediencia del pueblo a los mandamientos, estatutos y juicios de Dios, tal como ellos lo prometieron solemnemente.
13. Israel y Judá en la Historia y en el Plan de Dios
Creemos que, durante el Reino Dividido, “Israel” y “Judá” fueron dos entidades distintas. Israel fue apartado (divorciado) de Dios debido a su infidelidad (Jeremías 3:8) y solo podrá ser restaurado a través de Jesucristo, quien es el legítimo heredero tanto de Judá como de José.
Además, creemos que Judá también se dividió en dos grupos: aquellos que produjeron buen fruto y aquellos que no (Jeremías 24). A lo largo de la historia, quienes rechazaron el juicio divino enfrentaron destrucción, como sucedió bajo los imperios de Babilonia y Roma, y creemos que esto ocurrirá nuevamente en tiempos futuros.
Por esta razón, consideramos que el Estado moderno de Israel, al rechazar a Jesús como el Mesías, no representa el Reino prometido por Dios, y que enfrentará el juicio divino señalado en Jeremías 19:10-11.
14. Dispersión y Restauración de Israel
Creemos que Dios se divorció de Israel (Jeremías 3:8), que la Casa de Israel (las diez tribus del norte) fue dispersada a otras tierras como resultado de ese divorcio (2 Reyes 18), pero que Dios la volverá a desposar (Oseas 2:14-19) y le dará una nueva tierra (2 Samuel 7:10).
15. El Cambio de Nombre de Israel
Creemos que Israel perdería su antiguo nombre (Isaías 62:2; Oseas 2:17), que sería llamada por el nombre de Dios (Números 6:27; Apocalipsis 3:12), y que esto se cumplió cuando Dios comenzó a llamar “cristianos” a los israelitas (Hechos 11:26).
16. La Salvación Universal y el Reino Eterno
Creemos que el gran plan de Dios a través de las edades culminará en la salvación de toda la humanidad (Juan 12:32; Filipenses 2:10-11; 1 Timoteo 4:10, entre otros).
Rechazamos la idea del tormento eterno en el infierno o la aniquilación final, pues consideramos que estas doctrinas ofenden el poder y la gloria de Dios, cuyo deseo es que todos sean salvos (1 Timoteo 2:3-4).
Solo la reconciliación universal honra plenamente a Dios, dándole toda la gloria y gratitud que se le debe.
Durante los “Siglos de los Siglos”, los incrédulos serán instruidos en justicia bajo la autoridad de los vencedores que heredarán la tierra (Mateo 5:5; Isaías 26:9). Este tiempo culminará con una restauración universal en el gran Jubileo de la Creación, cuando toda la humanidad será reconciliada con Dios y Él será “todo en todos” (1 Corintios 15:22-28).
Creemos que la Nueva Jerusalén, símbolo del Reino Celestial, ha reemplazado a la antigua Jerusalén como centro espiritual y sede del gobierno divino (Gálatas 4:22-31; Hebreos 12:22). El antiguo “Sion” bajo el Antiguo Pacto ha sido sustituido por el Monte Sion (Monte Hermón según Deuteronomio 4:48), donde Cristo fue transfigurado y declarado Hijo de Dios, marcando así el comienzo de la nueva era del Reino.
