Su Fundamento

Desde el Imperio al Reino: El dragón hace guerra contra el resto de la decendencia – Parte 24

Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos

Joel 2:23, 

23 Vosotros también, hijos de Sion, alegraos y gozaos en Jehová vuestro Dios; porque os ha dado la primera lluvia a su tiempo, y hará descender sobre vosotros lluvia temprana y tardía como al principio.

Esta imagen que hemos visto a través de las escrituras también se conecta con Isaías 66:7-9, donde Sión es descrita como una madre que da a luz de manera milagrosa antes de sentir dolores de parto, señalando la intervención directa de Dios en la historia para traer salvación.

Isaías 66:7-9,

7 Antes que estuviese de parto, dio a luz; antes que le viniesen dolores, dio a luz hijo. 8 ¿Quién oyó cosa semejante?, ¿quién vio tal cosa? ¿Concebirá la tierra en un día? ¿Nacerá una nación de una vez? Pues en cuanto Sion estuvo de parto, dio a luz sus hijos. 9 Yo que hago dar a luz, ¿no haré nacer? dijo Jehová. Yo que hago engendrar, ¿impediré el nacimiento? dice tu Dios.

El dragón se fue a hacer guerra contra el resto de la decendencia

Apocalipsis 12:17,

17 Entonces el dragón se llenó de ira contra la mujer; y se fue a hacer guerra contra el resto de la descendencia de ella, los que guardan los mandamientos de Dios y tienen el testimonio de Jesucristo.

El dragón, la serpiente antigua representa a Satanás, símbolo de maldad, conflicto y la oposición a Dios y todo lo que representa en la tierra, y es verificado en toda la Escritura. Su ira hacia la mujer, que simboliza a Israel o al pueblo de Dios, cristianizado, refleja la continua batalla espiritual entre el bien y el mal. Esta enemistad evoca Génesis 3:15, donde Dios declara la enemistad entre la serpiente y la mujer, presagiando el conflicto entre Satanás y el pueblo de Dios.

Génesis 3:15,

15 Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; esta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.

La gran Babilonia vino en memoria delante de Dios

Apocalipsis 16:17-21,

17 El séptimo ángel derramó su copa por el aire; y salió una gran voz del templo del cielo, del trono, diciendo: Hecho está. 18 Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra. 19 Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira. 20 Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados. 21 Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo; porque su plaga fue sobremanera grande.

El resurgir de Babilonia: de ciudad a sistema global

Estos versículos son necesarios en este punto porque sirven de introducción a Apocalipsis 17 y 18, donde se describe a Babilonia, a la que se hace referencia primero como “la gran ciudad” en Apocalipsis 16:19. Luego se la especifica como “la gran Babilonia” y, en Apocalipsis 17:1, se la identifica como “la gran ramera”. Babilonia no aparece sola en esta visión, ya que Juan ve caer a otras ciudades de las naciones durante el gran terremoto: “y las ciudades de las naciones cayeron”.

Y el ángel me dijo: Yo te diré el misterio de la mujer

Apocalipsis 17:1-7 continúa la descripción de uno de los personajes centrales del fin del tiempo:

1 Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas; 2 con la cual han fornicado los reyes de la tierra, y los moradores de la tierra se han embriagado con el vino de su fornicación. 3 Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos. 4 Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; 5 y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. 6 Vi a la mujer ebria de la sangre de los santos, y de la sangre de los mártires de Jesús; y cuando la vi, quedé asombrado con gran asombro.

7 Y el ángel me dijo: ¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos.

En otras palabras, Babilonia se describe como una mujer (“ramera”) y una ciudad. La mujer no es una mujer literal, aunque en los tipos y sombras de la profecía pasada, Jezabel destaca como la principal representante de esta ramera. Incluso la propia “ciudad” es figurativa, porque es más que una ciudad. La antigua ciudad de Babilonia era un prototipo de todo un sistema mundial. Sin embargo, estas metáforas bíblicas son importantes desde un punto de vista legal, ya que invocan ciertas leyes por las cuales las rameras y las ciudades pueden ser juzgadas.

La antigua Babilonia, destruida realmente, resurge en la profecía como símbolo de un sistema mundial anticristiano…Apocalipsis 17 y 18 lo describen así: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA. (Apocalipsis 17:5). Como hemos visto anteriormente, no se trata solo de una ciudad literal, sino de una estructura global que une poder económico, influencia política, social, cultural, poderío militar y corrupción espiritual.

El Ángel es el primero en identificar a Babilonia como una ramera en Apocalipsis 17:1. 

1 Vino entonces uno de los siete ángeles que tenían las siete copas, y habló conmigo diciéndome: Ven acá, y te mostraré la sentencia contra la gran ramera, la que está sentada sobre muchas aguas;

EL ángel prosigue a ensenarle el misterio de esta grandiosa visión: 7 Y el ángel me dijo: ¿Por qué te asombras? Yo te diré el misterio de la mujer, y de la bestia que la trae, la cual tiene las siete cabezas y los diez cuernos.

EL ángel mismo provee la interpretación divina de esta metáfora: Ella “está sentada sobre muchas aguas”, y esto se interpreta posteriormente en Apocalipsis 17:15:

15 Y me dijo: Las aguas que has visto donde la ramera se sienta, son pueblos, muchedumbres, naciones y lenguas.

Por lo tanto, así como la ramera en sí no es literal, (por favor no espere ver a una mujer sentada sobre las aguas) tampoco lo son estas aguas sobre las que se sienta. Las aguas representan naciones. El símbolo se ve claro en Isaías 57:20-21,

20 Pero los impíos son como el mar en tempestad, que no puede estarse quieto, y sus aguas arrojan cieno y lodo. 21 No hay paz, dijo mi Dios, para los impíos.

Mientras las naciones se rebelen contra el Creador y Jesucristo, negándose a regirse por la ley divina, no habrá paz duradera. Solo cuando el Príncipe de Paz gobierne, entraremos en una era de paz. 

Esto se profetiza en Génesis 49:10, en la profecía de la venida de “Silo”, palabra que se basa en shalom, “paz”, y que se refiere al Príncipe de Paz y se ilustra más adelante con el reinado de paz de Salomón.

10 No será quitado el cetro de Judá,

Ni el legislador de entre sus pies,

Hasta que venga Siloh;

Y a él se congregarán los pueblos.

Apocalipsis 17:3,

3 Y me llevó en el Espíritu al desierto; y vi a una mujer sentada sobre una bestia escarlata llena de nombres de blasfemia, que tenía siete cabezas y diez cuernos.

Observe también que esta Bestia tiene siete cabezas y diez cuernos. Es la misma bestia que se muestra en Apocalipsis 13:1-2, pero se le añade la mujer, la gran ramera que cabalga sobre la Bestia, mostrada en una posición de control similar a la de un jinete. En el capítulo 17 versículo 5 se la identifica como: “BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA”. Todo en letras mayúsculas, identificando a una corporación mundial.

1 Me paré sobre la arena del mar, y vi subir del mar una bestia que tenía siete cabezas y diez cuernos; y en sus cuernos diez diademas; y sobre sus cabezas, un nombre blasfemo. 2 Y la bestia que vi era semejante a un leopardo, y sus pies como de oso, y su boca como boca de león. Y el dragón le dio su poder y su trono, y grande autoridad.

Para que ella cabalgue sobre la Bestia, debe existir alguna relación entre ambas. De hecho, ambas, la mujer y la Bestia, forman parte del mismo sistema general, el sistema o Misterio Babilonia. Sin embargo, desde el principio —dado que una se representa como una mujer y la otra como una bestia—, Dios señala dos conjuntos de características, personalidades o enfoques claramente diferentes dentro del sistema. Daniel lo identifica como el “cuerno pequeño”, mientas que Juan lo identifica como “Una mujer sentada sobre la bestia”,

Como se describe en Apocalipsis 13:2, la Bestia está compuesta por las partes más fuertes de un leopardo, un oso y un león. Indiscutiblemente, estos tres animales son feroces y salvajes.

Sin embargo, la mujer cabalga sobre la bestia. Ella, en este punto de la profecía, es quien ostenta la posición de fuerza, influencia, y, por lo tanto, es superior, más grande, más poderosa y más influyente que la Bestia.

Apocalipsis 17:9-11,

9 Esto, para la mente que tenga sabiduría: Las siete cabezas son siete montes, sobre los cuales se sienta la mujer, 10 y son siete reyes. Cinco de ellos han caído; uno es, y el otro aún no ha venido; y cuando venga, es necesario que dure breve tiempo. 11 La bestia que era, y no es, es también el octavo; y es de entre los siete, y va a la perdición.

Estos versículos marcan el inicio del elemento temporal de esta profecía. La mujer se sienta sobre siete montes. Un monte simboliza una nación mayor, como muestra Isaías 2:2: 2 “Acontecerá en lo postrero de los tiempos, que será confirmado el monte de la casa de Jehová como cabeza de los montes, y será exaltado sobre los collados, y correrán a él todas las naciones.”

El número siete, combinado con el símbolo “montes” —que significa “reyes” o “reinos”, como muestran los versículos 9 y 10—, indica una secuencia perfecta o completa de siete reyes o reinos.

Entendemos que los site montes representan los últimos siete resurgimientos del Imperio Romano. Se muestra a la mujer cabalgando sobre la Bestia durante los días del sexto resurgimiento en la secuencia de siete (versículo 10).

Los montes de Roma pueden comprenderse tanto en un sentido literal como espiritual. Literalmente, la ciudad se asienta sobre siete colinas: Viminalis, Capitolino, Aventino, Celio, Palatino, Quirinalis y Esquilino. Sin embargo, estos montes también tienen un profundo significado simbólico, ya que representan reyes o reinos y las distintas formas de gobierno que han marcado la historia de Roma.

A lo largo del tiempo, estas siete colinas han sido testigos de la evolución del poder romano: desde los reyes, pasando por los cónsules y dictadores, hasta los decemviros, las tribunas militares, los emperadores militares y, finalmente, los emperadores cristianos. Cada etapa refleja un cambio en la manera de ejercer la autoridad y la influencia en la ciudad y en el mundo.

Así, mientras las colinas físicas nos ayudan a ubicar geográficamente a Roma, su valor simbólico va mucho más allá: nos muestra cómo el poder político y espiritual se ha manifestado y transformado en distintas eras, ofreciendo una lección sobre la relación entre autoridad, historia y espiritualidad.

Espiritualmente o simbólicamente estas siete colinas simbolizan siete formas de gobierno que han marcado la historia de Roma:

  1. Reyes
  2. Cónsules
  3. Dictadores
  4. Decemviros
  5. Tribunas militares
  6. Emperadores militares
  7. Emperadores cristianos

Estas formas de gobierno son especialmente significativas, ya que reflejan la evolución política y religiosa de Roma a lo largo del tiempo. Las colinas físicas, por su parte, sirven principalmente como señales geográficas para identificar la ciudad, pero su valor simbólico trasciende la geografía, mostrando cómo el poder y la autoridad se han manifestado históricamente en distintas etapas de Roma.

Tras la caída del Imperio Romano en el año 476 d.C., la Iglesia Romana ejerció un gran dominio sobre Europa Occidental. Se habla de “diez reyes” bajo la autoridad de la Iglesia, aunque, como señala Juan, en el primer siglo aún no tenían reino cuando él vivía. Es como un rey sin reino, es decir, alguien que aspira a ser rey.

En aquel tiempo, había diez pueblos o grupos étnicos en Europa que todavía no contaban con reinos propios, ya que permanecían bajo la autoridad del Imperio Romano. Estos eran:

  • Bávaros
  • Francos
  • Burgundios
  • Alemanes (Alemanni)
  • Suevos
  • Visigodos
  • Alanos
  • Vándalos
  • Ostrogodos
  • Lombardos

Los expertos modernos de profecía suelen relacionar a estos diez reyes con los diez dedos de los pies de la imagen que Nabucodonosor vio en su sueño, descrito en Daniel 2, y ciertamente hay una conexión simbólica. No obstante, la interpretación futurista del Apocalipsis, que ha ganado fuerza en los últimos 150 años, plantea la existencia de una “brecha” durante la Era de la Iglesia. Erróneamente y según este punto de vista, los acontecimientos proféticos del Apocalipsis no se han cumplido desde la crucifixión de Jesús hasta la aparición de un futuro “anticristo”, por lo que se excluye cualquier cumplimiento histórico intermedio.

La profecía solo muestra que la Bestia del fin de los tiempos tiene siete antepasados: los siete resurgimientos del Imperio Romano. Apocalipsis 17:11, dice: «La bestia que era y no es, es también el octavo, y es de los siete». Esto indica que la Bestia del fin de los tiempos es independiente, pero tiene sus raíces en los siete anteriores. La mujer claramente cabalga sobre la octava Bestia, que es de los siete, por un tiempo, esto es una reedición del sistema, pero con una forma más concentrada y global.

El hecho de que la mujer “cabalga” sobre la Bestia indica una relación de control: el sistema religioso-cultural babilónico ejerce influencia sobre el poder político-militar representado por la Bestia. Sin embargo, en Apocalipsis 17:16, la propia Bestia se volverá contra la mujer, señalando una ruptura final en el sistema.

El juicio de Babilonia y la victoria del Reino

Apocalipsis 18;10 describe la caída de Babilonia con un lamento global:

10 parándose lejos por el temor de su tormento, diciendo: ¡Ay, ay, de la gran ciudad de Babilonia, la ciudad fuerte; porque en una hora vino tu juicio!

Dios llama a su pueblo:

Apocalipsis 18:4, “Salid de ella, pueblo mío para no participar de sus pecados ni de sus plagas.

Cuando este sistema caiga, se cumplirá la proclamación de Apocalipsis 11:15:

“Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y Él reinará por los siglos de los siglos”.

Israel será restaurado plenamente y ocupará el papel central en el Reino de Dios (Isaías 2:2-4; Zacarías 14:16-17), y el sistema babilónico dejará de existir para siempre.

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