Su Fundamento

La Parábola de la Limpieza del Reino: Una Guía Moderna – Parte 1

La Estructura Social, Religiosa y Política

Muchas enseñanzas del mundo evangélico ignoran un aspecto clave que la Biblia llama la conspiración del Profeta, el Sacerdote y el Rey. Entender esto es vital para comprender cómo Dios trabaja en el Reino y cómo se realiza la limpieza final del mundo.

La estructura económica y social de una nación depende de su política, pero esta, a su vez, refleja la condición espiritual del pueblo. Y la condición espiritual del pueblo surge directamente de su religión.

Pero, ¿qué forma la religión de un pueblo?

La religión de un pueblo depende de sus sacerdotes y profetas, tal como los identifica la Biblia. ¿Y quién instituye a los sacerdotes y profetas? Los líderes religiosos de la nación.

Jeremías 5:30-31,

30 Cosa espantosa y fea es hecha en la tierra: los profetas profetizan mentira, y mi pueblo así lo quiso.

31 Los profetas profetizaron mentira, y los sacerdotes dirigían por manos de ellos; y mi pueblo así lo quiso.

Oseas 4:9,

Y será el pueblo como el sacerdote; le castigaré por su conducta, y le pagaré conforme a sus obras.

La sociedad refleja la obediencia o desobediencia del pueblo a Dios. La verdadera transformación comienza con el arrepentimiento del pueblo.

La diferencia en esta cadena de eventos la puede hacer únicamente el pueblo de Dios, aquellos que aceptan asumir la responsabilidad. Sin ese arrepentimiento genuino, no puede haber una solución económica, política ni religiosa, porque todo comienza con el pueblo, y es por eso que no puede haber una solución económica, no existe una solución política, ni mucho menos religiosa, porque tiene que comenzar con el pueblo.

Qué significa arrepentirse

El arrepentimiento no es solo decir “lo siento, Dios”. Es reconocer que el mal mora dentro de nosotros y volver a la obediencia a Dios.

Arrepentirse es retornar en obediencia a las leyes rectas de Dios. La única solución cuando miramos la cadena de la causa y el efecto, es el arrepentimiento; y después del arrepentimiento viene una limpieza y purificación a la vida personal, nacional y universal.

Ezequiel 22:26,

Sus sacerdotes violaron mi ley y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis días de reposo apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos.

Los sacerdotes violaron la ley de Dios, contaminando lo santo y lo profano, y los días de reposo fueron ignorados.

La nación no puede arrepentirse si desconoce las leyes de Dios. La enseñanza de rapto, anticristo y tribulación no sustituye la necesidad de arrepentimiento y obediencia.

¿Cómo puede la nación arrepentirse si no conoce que las leyes de Dios siguen vigentes? 

Hoy muchas iglesias enfocan su enseñanza en el Rapto, el Anticristo, el Fin del mundo, La Gran Tribulación… Pero al revisar las parábolas del Reino, se ve que esta perspectiva es inconsistente y peligrosa para entender el Reino de Dios.

Mateo 5:5-6,

5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad.

6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

El mensaje apunta a este mundo: recibir la tierra por herencia y ser saciados de justicia. La única solución real surge del arrepentimiento, seguido de una limpieza y purificación a nivel personal, nacional y universal.

Salmo 51:7-13; 

7 Purifícame con hisopo, y seré limpio;

lávame, y seré más blanco que la nieve.

8 Hazme oír gozo y alegría;

que se regocijen los huesos que has quebrantado.

9 Esconde tu rostro de mis pecados,

y borra todas mis iniquidades.

10 Crea en[a] mí, oh Dios, un corazón limpio,

y renueva un espíritu recto dentro de mí.

11 No me eches de tu presencia,

y no quites de mí tu santo Espíritu.

12 Restitúyeme el gozo de tu salvación,

y sostenme con un espíritu de poder[b].

13 Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos,

y los pecadores se convertirán a ti.

Hechos 2:36-38, 

36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

37 Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? 38 Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

Hechos 22:6-8, 16,

6 Pero aconteció que yendo yo, al llegar cerca de Damasco, como a mediodía, de repente me rodeó mucha luz del cielo; 7 y caí al suelo, y oí una voz que me decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 8 Yo entonces respondí: ¿Quién eres, Señor? Y me dijo: Yo soy Jesús de Nazaret, a quien tú persigues.

Cuando el arrepentimiento es genuino, Dios produce limpieza y purificación:

Hechos 19:19,

Muchos de los que habían practicado la magia trajeron los libros y los quemaron delante de todos; hallaron que valían cincuenta mil piezas de plata.

Los que practicaban magia quemaron sus libros y reconocieron el valor de sus errores.

El arrepentimiento lleva a una transformación real en la vida personal, y es la primera etapa para la purificación del Reino.

El Reino de Dios: Entre nosotros, no dentro de nosotros

En estas parábolas que Jesús habló con relación al Reino, Jesús enseñó cómo estas profecías acerca del Reino tienen referencia a la limpieza y purificación del Reino de Dios aquí en la tierra. Jesús enseñó que el Reino de Dios está presente en el mundo, pero requiere discernimiento para entenderlo. Las parábolas de Jesús muestran que el Reino tiene relación directa con la limpieza y purificación del mundo:

Mateo 13:10-13,

10 Entonces, acercándose los discípulos, le dijeron: ¿Por qué les hablas por parábolas? 

11 Él respondiendo, les dijo: Porque a vosotros os es dado saber los misterios del reino de los cielos; más a ellos no les es dado. 12 Porque a cualquiera que tiene, se le dará, y tendrá más; pero al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado. 13 Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.

Jesús enseñaba con parábolas sobre el Reino, dejando claro que no se trata de doctrinas políticas o económicas humanas. Y esto es lo opuesto a la doctrina socialista, que le quitan a los que tienen y le dan a los que no tienen y ellos se quedan con todo.

Pero cuando miramos a la verdad de la palabra de Dios, déjeme decirle que tiene que recibir y aceptar la verdad de Dios.  “LA VERDAD QUE DIOS LE DA”.

La verdad de Dios requiere ser aceptada: si no se acepta, se pierde incluso lo que se tiene y se termina creyendo falsedades.

Si usted quiere entender a los profetas, el significado de los profetas y lo que desearon ver los profetas: ¡¡¡Preste atención a las parábolas!!!

Mateo 13:16-17,

16 Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 

17 Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.

Jesús invita a entender a los profetas y su mensaje a través de las parábolas del Reino.

Mateo 13:24-30, 37-38;

24 Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25 pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. 

26 Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. 27 Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? 

28 Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto. Y los siervos le dijeron: ¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos? 29 Él les dijo: No, no sea que, al arrancar la cizaña, arranquéis también con ella el trigo. 

30 Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero.

Los discípulos perplejos por las palabras de Jesús, le preguntan, de igual manera que nosotros lo haríamos: “Explícanos la parábola”.

Mateo 13:36,

36 Entonces, despedida la gente, entró Jesús en la casa; y acercándose a él sus discípulos, le dijeron: Explícanos la parábola de la cizaña del campo.

La respuesta de parte de Jesús es muy clara, hasta un niño podría entenderla.

Mateo 13:37-38,

37 Respondiendo él, les dijo: El que siembra la buena semilla es el Hijo del Hombre. 38 El campo es el mundo; la buena semilla son los hijos del reino, y la cizaña son los hijos del malo.

El sembrador: Hijo del Hombre

El campo: El mundo

La buena semilla: Hijos del Reino

La cizaña: Hijos del malo

El reino de Dios le pertenece a su pueblo que ha sido lavado y purificado con su sangre y agua. No tenemos que temer mal alguno.

Lucas 12:32,

No temáis, manada pequeña, porque a vuestro Padre le ha placido daros el Reino.

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