Su Fundamento

Caín, Ocultismo y El culto de Hollywood (Parte 1)

No le glorificaron como a Dios

Romanos 1:21-23,

21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido. 22 Profesando ser sabios, se hicieron necios, 23 y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles.

¿Cómo capturar una nación?

Los Estados Unidos, aparte de ser el lugar destinado para la reunión de las tribus de Israel, ha sido una nación de grandiosa e inigualable riqueza. El MISTERIO BABILONIA LA GRANDE, pegó su golpe brutal para establecer un gobierno secreto dentro del gobierno mismo, luego formando el Banco de la Reserva Federal con el fin de esclavizar a los ciudadanos a someterse a un sistema de impuestos que no tiene fin.

El 16 de julio de 1790, el presidente George Washington firmó la Ley de Residencia de 1790. Esta legislación estableció que la nueva capital nacional y sede permanente del gobierno de los Estados Unidos se ubicaría a lo largo del río Potomac, en territorios cedidos por los estados de Maryland y Virginia.

Este territorio es de hecho un distrito federal, colocado bajo la jurisdicción exclusiva del Congreso por la Constitución de los Estados Unidos. Por lo tanto, no tiene los mismos poderes que los Estados federativos. El distrito no es parte de ningún Estado, y no es parte de los Estados que forman la Unión. En 1846, el Congreso devolvió a Virginia las tierras que había cedido, reduciendo el cuadrangular original en aproximadamente un tercio de su superficie.

Justus Rathbone fundó oficialmente a los Caballeros de Pitias en 1864. Ese mismo año, Albert Pike estructuró grados y niveles de iniciación que influyeron en la forma de la sociedad. Ambas organizaciones fueron reconocidas legalmente en 1864 mediante una ley o Acto del Congreso de los Estados Unidos. Ese mismo año, Pike diseñó grados de iniciación que estructuraron las bases rituales y grados de la sociedad secreta.

Para llevar a cabo este plan oscuro, necesitan empezar por las nuevas generaciones. Y ahí es donde entra el sistema educativo. El gobierno federal asume el control de la educación, las normas de conducta y las leyes, transformando escuelas y universidades en espacios de adoctrinamiento. A esto se suma la influencia de Hollywood, Disney y otros medios, que terminarían moldeando las mentes más jóvenes para crear una nueva generación sin respeto por las leyes y, mucho menos, por Dios.

En Estados Unidos, la disparidad económica raya en lo absurdo: actores que apenas encarnan personajes ficticios ganan sumas obscenas de dinero, mientras profesores, policías, científicos e investigadores, los verdaderos pilares del progreso, sobreviven con salarios que no reflejan ni su preparación ni su aporte real a la sociedad.

Resulta casi grotesco que la fama instantánea pueda depender más de un golpe de suerte, una cara fotogénica o un par de contactos estratégicos que de años de estudio y dedicación. Sin embargo, basta aparecer en la pantalla cinematográfica para convertirse en el arquetipo de lo “deseable”: riqueza, prestigio superficial y belleza estandarizada. ¿Es coincidencia?

1 Juan 2:16,

16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo.

El culto a las celebridades no es espontáneo; es una maquinaria de propaganda cuidadosamente construida para mantener a estos ídolos en la cima. La moda, la música, el cine, las redes sociales y hasta el arte funcionan como satélites que orbitan alrededor de la figura del famoso, alimentando su influencia y asegurando el flujo de dinero y atención. Las marcas, ansiosas por vender cualquier ilusión, buscan su aval como si esas figuras poseyeran algún tipo de gracia divina capaz de convertir objetos ordinarios en reliquias aspiracionales.

Levítico 19:4 (Nueva Traducción Viviente)

4 No pongas tu confianza en ídolos ni te hagas imágenes de dioses hechos de metal. Yo soy el Señor tu Dios.

Sus ceremonias de premios son rituales contemporáneos: desfiles de vanidad en los que la industria se celebra a sí misma con una solemnidad casi religiosa. Los Óscar, en particular, ejemplifican esta devoción a la imagen y al espectáculo.

No deja de ser sarcástico que la cúspide del éxito en Hollywood sea un ídolo literal, un trofeo rígido, brillante y vacío que encarna a la perfección el tipo de gloria que la industria ofrece: deslumbrante por fuera, hueca por dentro. Como la imagen de Nabucodonosor.

Deuteronomio 27:15,

15 Maldito el hombre que hiciere escultura o imagen de fundición, abominación a Jehová, obra de mano de artífice, y la pusiere en oculto. Y todo el pueblo responderá y dirá: Amén.

Hollywood no es solo un lugar: es un planeta entero, un ecosistema artificial que gira alrededor de su propia luz: la Idolatría, una luz tan brillante como engañosa. Ha conseguido algo que ni los imperios ni las iglesias más ambiciosas lograron en siglos: fundar una religión global basada en el culto a la fama, la superficialidad, el entretenimiento masivo, y rituales satánicos. Entendiendo, que existe gran número de personas que no creen que Satanás existe de verdad, y por lo tanto es solo una ilusión, creada por los sentidos humanos, debemos apegarnos a las escrituras para asumir este tema.

Su mayor hazaña ha sido disfrazar este culto de simple “industria del cine”, cuando en realidad funciona como una maquinaria evangelizadora satánica de primera categoría, donde ocurren, en secreto, grandes violaciones a los derechos humanos, trafico, drogas, ritos satánicos.

Los misioneros de Hollywood – Babilonia

Juan 3:19,

19 Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Sus misioneros, las películas de Hollywood recorren el mundo llevando su evangelio satánico de ocultismo, consumismo, individualismo y “éxito” instantáneo, ganando adeptos más rápido que cualquier fe tradicional.

Y lo más irónico es que ni siquiera necesita declararse religión para comportarse como una: ya tiene sus mandamientos (sé joven, sé bello, sé rico), sus templos (los cines, las alfombras rojas, las plataformas de streaming), sus dioses paganos de turno (celebridades que el público adora hoy y olvida mañana) y sus ceremonias de adoración colectiva y corrupta.

Salmos 4:2,

Hijos de los hombres, ¿hasta cuándo volveréis mi honra en infamia, ¿Amaréis la vanidad, y buscaréis la mentira? Selah

Hollywood no alcanza la categoría de religión formal, claro está; sería demasiado honesto admitirlo. Pero como culto satánico, es impecable. Ha convencido a millones de personas de que su paraíso existe, aunque solo unos pocos privilegiados pueden entrar. El resto solo puede mirar desde lejos, comprar la mercancía oficial y seguir soñando con pertenecer algún día a ese Olimpo de cartón piedra.

Un manual de fantasías

Genesis 6:5,

5 Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.

Las películas de Hollywood, claro, también son un negocio: un gigantesco parque temático audiovisual encargado de entretener, distraer y, si es necesario, devorar horas de vida como si fueran chucherías baratas. En eso no se diferencia mucho de otros rubros del entretenimiento industrializado. Pero sería ingenuo creer que Hollywood se limita a “matar el tiempo”.

Su verdadero poder está en moldear cabezas, instalar valores nefastos, prefabricados y dictar qué significa vivir “bien” según su manual de fantasías y desviar el corazón de los ingenuos.

2 Reyes 17:15,

15 Y desecharon sus estatutos, y el pacto que él había hecho con sus padres, y los testimonios que él había prescrito a ellos; y siguieron la vanidad, y se hicieron vanos, y fueron en pos de las naciones que estaban alrededor de ellos, de las cuales Jehová les había mandado que no hiciesen a la manera de ellas.

La industria no solo entretiene: educa o más bien, condiciona a millones de personas a violar las leyes de Dios, exhibiendo: Horror, ritos satánicos, espiritismo, adicciones, sexo, violaciones, asesinatos, adulterio… etc.

Define qué admiramos, qué rechazamos, qué metas se supone que debemos perseguir e incluso qué tipo de vida deberíamos planear, como si todos estuviéramos siguiendo un guion mediocre escrito por un departamento de marketing. El lenguaje vulgar, la conducta irrespetuosa y la falta de respeto hacia los padres, introducidos en los hogares a través de la televisión, han sido una herramienta profundamente destructiva para la moral de una nación que intenta aferrarse a la palabra de Dios.

No sorprende, entonces, que los jóvenes caminen, hablen y gesticulen como sus estrellas favoritas, imitándolos que confunden con personalidad propia. Y que muchas chicas gasten hasta el último centavo para tener una boda “de película”, como si la felicidad se midiera por la cantidad de lentejuelas y cámaras imaginarias presentes en el gran día.

Caminaron en sus propios consejos

Salmo 81:12,

12 Los dejé, por tanto, a la dureza de su corazón; Caminaron en sus propios consejos.

Hollywood no solo ocupa el tiempo: ocupa la mente, corazón y alma. Y lo hace con la sutileza de un cirujano demoniaco… o de un publicista desesperado, que viene a ser casi lo mismo.

Más allá del negocio y la fama, Hollywood fabrica algo mucho más profundo y más peligroso que simples películas: fabrica realidades. Construye imágenes del mundo y del más allá, diseña deseos, fabrica sueños a granel y los distribuye globalmente con la precisión de una religión corporativa, siguiendo una agenda, un plan creado muchos, muchos años atrás. Ahora, estamos viendo el fruto de lo que se sembró, precisamente como Jesús dijo:

Mateo 13: 24-28,

24 Les refirió otra parábola, diciendo: El reino de los cielos es semejante a un hombre que sembró buena semilla en su campo; 25 pero mientras dormían los hombres, vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo, y se fue. 26 Y cuando salió la hierba y dio fruto, entonces apareció también la cizaña. 27 Vinieron entonces los siervos del padre de familia y le dijeron: Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña? 28 Él les dijo: Un enemigo ha hecho esto.

La práctica del ocultismo, y satanismo es muy evidente en ese ambiente nefasto y oscuro, que es muy dañino para corazones, mentes inocentes y susceptibles a esas doctrinas diabólicas, símbolos, e imágenes que se transforman en realidades ficticias en sus vidas.

Sus productos no solo entretienen; adoctrinan. Enseñan qué desear, cómo amar, cómo sufrir y hasta cómo morir, todo con una iluminación perfecta y música de fondo.

Morfeo es el dios griego de los sueños, hijo de Hipnos (Sueño) y Pasitea, famoso por su habilidad de adoptar cualquier forma humana para aparecer en los sueños, comunicando mensajes divinos y dando forma a las fantasías; su nombre significa “el que forma” y está asociado con las amapolas y las alas. Es el líder de los Oneiroi (los Espíritus de los Sueños) y su don de cambiar de forma lo hacía un mensajero crucial para los dioses.

Los sueños que ofrece Hollywood son un espejismo cuidadosamente calibrado: algunos tan imposibles que solo sirven para mantener viva la frustración; otros lo bastante alcanzables como para que la gente crea que con un poco más de esfuerzo o de deuda podrán lograrlos. Y así, los anhelos colectivos se alinean con los guiones de la industria. El pueblo sueña lo que Hollywood decide que debe soñar.

Reproducción y rituales de dioses abstractos

Apocalipsis 18:23,

Luz de lámpara no alumbrará más en ti, ni voz de esposo y de esposa se oirá más en ti; porque tus mercaderes eran los grandes de la tierra; pues por tus hechicerías (pharmakeia) fueron engañadas todas las naciones.

La gente imita no solo las modas y los gestos, sino también las emociones y las aspiraciones que Hollywood fabrica en serie. Reproduce sus rituales, sus íconos, sus dramas, convencida de que son propios. En ese sentido, Hollywood no es solo poderoso: es sagrado. Es la religión perfecta para una era sin fe, donde los dioses son actores, los templos son pantallas y la salvación se mide en likes y taquilla, sin darse cuenta que simplemente son muertos y que los muertos están allí. 

Jesús plantea la pregunta de si encontrará fe en la tierra al regresar después de contar la parábola del juez injusto, y la respuesta implica que la verdadera fe será escasa cuando Él regrese,

Lucas 18:8,

8 Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

Así, sin necesidad de templos ni sermones dominicales, la fábrica de sueños ejerce una influencia tan profunda y emocional que rivaliza con cualquier religión tradicional.

Hollywood es, en esencia, una religión sincrética diseñada a base de desechos: un collage de paganismo reciclado, cristianismo de escaparate y, por supuesto, una buena dosis de invención hollywoodense. Nada de esto es especialmente nuevo ni creativo; la industria simplemente toma símbolos milenarios, los pule con brillo artificial y los reutiliza para transmitir su mensaje global. Hollywood no crea mitos: los recicla, los simplifica y los vende en 4K.

Los elementos paganos saltan a la vista, aunque la industria los presenta como “iconografía pop”. Y, a diferencia de las religiones clásicas, esta no tiene un único profeta ni un Moisés ni un Mahoma que sirva como punto de partida sino una procesión interminable de gurús, productores, guionistas y visionarios autoproclamados, algunos recordados y muchos otros reducidos a notas al pie en documentos polvorientos de archivo.

El panteón hollywoodense es el mismo de la antigüedad, solo que pasado por un filtro de Instagram: Baal-Júpiter, el dios supremo, se ha convertido sin pudor en el dios del dinero (MAMÓN), del poder y del contrato millonario.

Marte-Odín, el arquetipo del guerrero (APOLIÓN), ahora vive en franquicias interminables llenas de explosiones y discursos pomposos sobre salvar el mundo.

Venus-Astarté, la antigua diosa de la fertilidad, se ha reducido casi por completo a un símbolo de sexualización omnipresente, ahora en alta definición y a disposición en cada casa.

Estos son los dioses abstractos, los que funcionan como la columna vertebral de la mitología hollywoodense. Sus encarnaciones terrenales, entre tanto, son las estrellas de cine: criaturas cuidadosamente fabricadas, mitificadas y envueltas en una narrativa épica que combina ascenso, caída, redención y alfombra roja. Figuras que no existen como personas, sino como personajes cuidadosamente editados para el culto moderno.

Hollywood no inventó los dioses. El espiritismo, rituales satánicos, brujerías son solo la norma de Hollywood, una receta diaria a los simples. Solo les puso un peinado impecable, un agente agresivo y un contrato de tres películas.

Tal como los antiguos ídolos denunciados por profetas, los viejos ídolos de madera, piedra, barro y bronce, muchos “dioses” del cine tampoco ven, tampoco oyen, tampoco sienten. No necesitan hacerlo: su función no es existir como personas, sino como superficies pulidas.

Son cuerpos convertidos en mercancía, imágenes moldeadas por productores y directores los sumos sacerdotes de esta religión industrial estrategas de imagen, que se encargan de predicar el evangelio hollywoodense a quienes levantan como altares modernos.

Estos mini-dioses, las estrellas, no viven: son veneradas. Operan como recipientes vacíos en los que la gente vierte sus fantasías, sus frustraciones y sus ansias de trascendencia. Los espectadores no solo las admiran: las adoran, literalmente. Cuelgan fotos, coleccionan pósteres, los besan como si fueran reliquias sagradas y tiemblan al ver a sus ídolos en persona, como si una aparición milagrosa se hubiera materializado ante ellos.

Su origen: BABILONIA LA GRANDE

Apocalipsis 17:4-5,

4 Y la mujer estaba vestida de púrpura y escarlata, y adornada de oro, de piedras preciosas y de perlas, y tenía en la mano un cáliz de oro lleno de abominaciones y de la inmundicia de su fornicación; 5 y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA.

La “Madera” y la “Piedra”: símbolos de la corrupción del cuerpo

En el lenguaje simbólico de la antigüedad, la madera (ʿēṣ) y la piedra (ʾeben) representaban más que simples materiales. En el contexto de los cultos de fertilidad, estos elementos se asociaban con los órganos masculinos: la madera (el tronco o vara) y la piedra (por su dureza y forma).

Apocalipsis 18:2,

2 Y clamó con voz potente, diciendo: Ha caído, ha caído la gran Babilonia, y se ha hecho habitación de demonios y guarida de todo espíritu inmundo, y albergue de toda ave inmunda y aborrecible.

Así, los “dioses de madera y piedra” se convirtieron literalmente en símbolos fálicos, objetos de culto erótico y espiritual que reemplazaban la adoración del Creador por la exaltación del hombre y el culto a espíritus malignos.

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