Su Fundamento

Entre Sombras y Luz: Creer en un Dios Invisible (Parte 1)

Una Reflexión de Fe: Creer en un Dios Invisible

Juan 4:24,

24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.

Vivimos en un mundo saturado de información, noticias alarmantes y discursos que alimentan el miedo y lo inmediato parece tener la autoridad absoluta. Noticias alarmantes, redes sociales, opiniones virales… todo compite por nuestra atención y muchas veces nos llena de ansiedad y miedo.

A veces, la sobreexposición a estos mensajes puede hacernos perder la perspectiva espiritual y es fácil dejarse arrastrar por la corriente de lo visible, temporal, terrenal y olvidarnos de lo invisible, lo eterno. 

Personalmente, he aprendido a ser selectivo con lo que consumo, pero como cristiano que cree firmemente en la Palabra de Dios que nos recuerda que existe una realidad más profunda, más poderosa, accesible a quienes buscan en espíritu y en verdad y esperan con esperanza el pronto regreso del Señor, siento que es mi responsabilidad discernir las señales que Él nos deja. Esto no es paranoia, sino obediencia a las Escrituras.

El cristiano no está llamado a escapar de la realidad, sino a interpretarla desde la perspectiva del Espíritu.

El Señor nos instruye a estar atentos y vigilantes: “Y cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.”  

Lucas 21:28,

28 Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención está cerca.

Lucas 21:34,

34 Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día.

Lucas 21:36,

36 Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.

Estas palabras son un llamado al cuidado espiritual y a la perseverancia en la fe; nos recuerdan que la vida cristiana no es pasiva.  No se trata de vivir en temor, sino de vivir con conciencia plena de que Dios actúa en la historia y que Su Reino trasciende todo lo que percibimos.

No basta con creer en Dios de manera intelectual; debemos vivir en alerta espiritual, cultivando un corazón que anhele la verdad, la santidad y la comunión constante con Él. El Espíritu de Dios nos guía para discernir la realidad espiritual detrás de lo visible y nos prepara para el cumplimiento de Su plan.

Sé que esto puede sonar extraño o incluso irracional para quienes no comparten la fe. Sin embargo, mi confianza en Dios se basa en Su fidelidad histórica: Él habló a través de profetas, apóstoles y, en última instancia, a través de Su Hijo, Jesucristo. 

La primera venida del Señor fue predicha siglos antes por profetas como Isaías y Miqueas (Isaías 7:14; Miqueas 5:2) y se cumplió con precisión histórica y divina. ¿Por qué dudar entonces que Su regreso también será conforme a lo anunciado?

El creyente está llamado a observar, discernir y confiar:

Las señales en la creación y en la historia (Mateo 24:3-14) nos recuerdan que Dios no es indiferente a los acontecimientos humanos.

La perseverancia y la vigilancia son fruto del Espíritu Santo en nosotros.

Gálatas 5:22-23,

22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 

23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.

Nuestra esperanza no se basa en el miedo, sino en la certeza de que Dios cumple Su Palabra,

Hebreos 10:23,

23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

1 Tesalonicenses 5:1-11,

1 Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. 2 Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; 3 que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. 4 Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. 5 Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. 6 Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. 7 Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan.

El mundo carnal ofrece satisfacciones inmediatas, placer y seguridad en lo efímero. Pero el Espíritu nos llama a otra visión: una vida centrada en lo eterno, en lo invisible, en lo que Dios hace y hará en favor de quienes confían en Él. 

Ser cristiano significa aprender a leer las señales de los tiempos, discernir los acontecimientos a la luz de la Escritura, y mantener un corazón firme, lleno de oración y atención. Aquellos que deseen ver las señales de los tiempos, que escudriñen la Palabra y oren con un corazón sincero, encontrarán guía y consuelo en medio del caos.

La historia de la salvación nos muestra un patrón constante: Dios habla, el hombre escucha (o ignora), y Él cumple Su Palabra.

Habiendo cumplido su trabajo en su primera venida como legitimo heredero al trono de la tribu de Judá, lo que fue anunciado siglos antes por Isaías, Miqueas y otros profetas, se cumplió con precisión asombrosa. 

Isaías 7:14,

14 Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel.

Miqueas 5:2,

2 Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.

Zacarias 9:9,

9 Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna.

Su segunda venida, prefigurada en la figura de José y en la restauración de la primogenitura, será igualmente real y manifiesta, y las señales que Él prometió estarán allí para quienes tengan ojos para ver y oídos para escuchar.

Apocalipsis 1:7,

7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él. Sí, amén.

Apocalipsis 19:13-16,

13 Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. 14 Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. 

15 De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso. 16 Y en su vestidura y en su muslo tiene escrito este nombre: REY DE REYES Y SEÑOR DE SEÑORES.

En la Escritura, José es una figura profética del Mesías: rechazado por sus hermanos, considerado muerto, exaltado en tierra extranjera y finalmente revelado como señor y salvador de aquellos que lo habían negado (Génesis 37–45). De manera similar, Cristo fue rechazado en Su primera venida, pero en Su segunda venida se manifestará plenamente como Rey, reclamando la primogenitura, es decir, la autoridad, la herencia y el derecho legítimo sobre todas las cosas. 

Salmo 89:27,

27 Yo también le pondré por primogénito, El más excelso de los reyes de la tierra.

Colosenses 1:15-18,

15 Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. 16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; 18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

Nuestra esperanza no se basa en lo que vemos en los periódicos o en la política, sino en la fidelidad de Dios. Como escribió el apóstol Pablo:

Hebreos 10:23,

23 Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

1 Tesalonicenses 5:6,

6 Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios.

La fe no es una opción basada en lo que otros consideran razonable; es una respuesta a la realidad espiritual que Dios ha revelado a través de Su Palabra. Para quienes escudriñan los textos sagrados con sinceridad y buscan en espíritu, la esperanza de Su regreso no es fantasía: es certeza.

En medio de un mundo que se aferra a lo material y se distrae con lo inmediato, podemos elegir vivir conscientes de lo invisible, atentos a las señales divinas, y firmes en la esperanza del Reino que se acerca. Creer en un Dios Todopoderoso en un mundo carnal es aprender a caminar entre lo visible y lo invisible, con la certeza de que lo que Dios promete, Él lo cumple.

Apocalipsis 22:12 (NVI),

12 ¡Miren que vengo pronto! Traigo conmigo mi recompensa y le pagaré a cada uno según lo que haya hecho.

El Espíritu nos llama hoy a vivir en esta tensión: presentes en el mundo, pero no del mundo; vigilantes, pero sin temor; llenos de fe y esperanza, aunque la carne y la sociedad nos inviten a la distracción y la incredulidad. Así, cada día se convierte en una oportunidad para adorar a Dios en espíritu y en verdad, y para mantener nuestros corazones firmes mientras esperamos Su regreso.

La Advertencia de Jesús

Pero luego Jesús advirtió que en los últimos días la gran mayoría de la gente seguirá con su vida cotidiana: trabajando, celebrando, jugando y ocupándose en las actividades habituales de la sociedad. La vida continuará aparentemente normal, hasta que el fin llegue de repente, como un rayo que ilumina y pasa. … hasta que el fin llegue de repente, tal como ocurrió en los días de Noé y Lot. Sin embargo, aquellos que creen y están atentos podrán prepararse para el regreso del Rey de reyes y Señor de señores.

Lucas 17:26-29 (LBLA),

26 Tal como ocurrió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del Hombre. 

27 Comían, bebían, se casaban y se daban en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y vino el diluvio y los destruyó a todos. 28 Fue lo mismo que ocurrió en los días de Lot: comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; 29 pero el día en que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre del cielo y los destruyó a todos.

Estos ejemplos nos recuerdan que la vida cotidiana no nos exime del juicio de Dios. Noé y Lot representan la paciencia de Dios y Su llamado a la preparación, pero también la certeza de Su justicia. 

Dios prometió que nunca más destruiría la tierra con agua, y el arcoíris permanece como señal eterna de esa promesa (Génesis 9:12-17). No obstante, el juicio futuro tendrá lugar por fuego, recordándonos que la justicia divina no es negociable. Este fuego, ahora será un fuego purificador, limpiador, corregidor, que producirá en la humanidad la necesaria santidad para estar delante de Él.

Cuando el Señor regrese, Él establecerá Su reinado con autoridad absoluta:

Lucas 19:27,

27 Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí.

Después del reinado milenario de Cristo sobre la tierra, Satanás será liberado por un tiempo, exponiendo nuevamente a quienes aún rechazan al Señor:

Apocalipsis 20:7-9,

7 Cuando los mil años se cumplan, Satanás será suelto de su prisión, 8 y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar. 9 Y subieron sobre la anchura de la tierra, y rodearon el campamento de los santos y la ciudad amada; y de Dios descendió fuego del cielo, y los consumió.

En resumen, la vida cristiana es un llamado a reconocer la trascendencia de Dios en un mundo que se aferra a lo temporal. Es un llamado a vivir con los ojos abiertos, el corazón vigilante y la fe firme en quien prometió regresar. Las señales existen, la Palabra permanece, y la esperanza es segura para quienes confían.

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