Su Fundamento

Entre Sombras y Luz: Creer en un Dios Invisible (Parte 2 – Final)

Vigilantes en los Últimos Días

Pensar que un Dios que es Amor pudiera ser también un Dios de Justicia y Juicio se considera incómodo o políticamente incorrecto para muchos. Sin embargo, la Escritura es clara: el mismo Dios que nos ama será quien juzgue nuestros pensamientos y acciones.

Nuestra obsesión con la ciencia, la tecnología y teorías como la evolución ha embotado nuestra percepción espiritual. Muchas iglesias se han vuelto tibias o incluso apóstatas, y la humanidad en general ha dado la espalda a Dios y a la realidad de Su poder sobrenatural. Por eso, la mayoría de las personas hoy no puede comprender a este Espíritu Todopoderoso; no encaja con sus ideas preconcebidas sobre la existencia humana.

Curiosamente, muchos están dispuestos a creer en extraterrestres, reptilianos de lejanas galaxias que supuestamente habrían sembrado este planeta para conquistarlo después; otros en ciencia ficción de civilizaciones que visitaron este planeta y luego nos dejaron a nuestra suerte. Grupos enteros buscan señales, en los cielos, anhelando encontrar vida inteligente más allá de la Tierra.

Otros se aferran a la idea que pronto seremos visitados por espíritus malignos o demonios viajando en platillos voladores y quienes conquistaran el planeta.

Sí, “están ahí fuera”, pero no como lo imaginamos en la ciencia ficción. Los verdaderos “extraterrestres” de los que habla la Biblia son los ángeles, mensajeros espirituales creados por Dios para cumplir Sus órdenes y proteger Su plan divino,

Salmos 103:20,

20 Bendecid a Jehová, vosotros sus ángeles, Poderosos en fortaleza, que ejecutáis su palabra,

Obedeciendo a la voz de su precepto.

Hebreos 1:14,

14 ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?

Pablo nos recuerda la verdadera naturaleza de nuestra lucha espiritual:

Efesios 6:12 (LBLA),

12 Porque nuestra lucha no es contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los poderes de este mundo de tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestiales.

Espíritus malignos y engaños sutiles

No estamos solos. Cada creyente es llamado a armarse con la armadura de Dios, discernir los tiempos y permanecer firmes, conscientes de que la verdadera batalla no es contra personas, sino contra fuerzas espirituales que buscan desviar a los hijos de Dios de Su verdad. La verdadera batalla es espiritual. Cada creyente está llamado a discernir, proteger su mente y corazón, y permanecer firme con la armadura de Dios.

Vivir con esta perspectiva nos ayuda a mantener la fe, a no dejarnos arrastrar por la corriente de lo temporal y a permanecer alertas, sabiendo que la historia no termina en la casualidad ni en la materia, sino en la justicia y el amor infinitos de un Dios Todopoderoso.

Estos son los secuaces de Satanás: espíritus o demonios que, aunque invisibles, están activos en el mundo, buscando corromper y destruir la creación de Dios. No necesitamos imaginar posesiones dramáticas con espuma y gritos (aunque yo sí he visto, orado para liberación de muchos incontables casos); la realidad espiritual es mucho más sutil. 

Estos espíritus implantan ideas y valores en la mente de quienes no están atentos, desviándolos sin que siquiera lo perciban. Promueven progresismo radical, destrucciones de países y culturas, corrección política, cultura de la cancelación, perversión sexual y toda clase de ideologías que, disfrazadas de “modernidad” o “progreso”, alejan a la humanidad del camino de Dios.

Lo que muchos no ven es que detrás de estas ideas hay una maldad espiritual muy oscura, y que su propósito es extraviar a la humanidad por el camino ancho que conduce a la perdición,

Mateo 7:13-14,

13 Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y amplia es la senda que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella. 14 Porque estrecha es la puerta y angosta la senda que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

Por eso, aunque los esfuerzos humanos por frenar el cambio climático o proteger la naturaleza son valiosos y necesarios, por sí solos no bastan. El verdadero equilibrio de la creación depende de la intervención de Dios. Él es quien sostiene el mundo, gobierna el clima y mantiene todo en armonía a través de Su presencia espiritual. Sin Él, nuestros esfuerzos estarían incompletos.

Colosenses 1:16-17 (LBLA),

16 Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. 17 Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen.

Sin embargo, esta era llegará a su fin, y creo firmemente que estamos en esos tiempos finales. ¡Dios nos llama a prepararnos para encontrarnos con nuestro Creador!

El control de Dios sobre los tiempos

La naturaleza y la humanidad cambian, pero Dios sostiene todas las cosas. Como le dijo al profeta Esdras, 

2 Esdras 4:37 (RSV),

“Con medida ha medido los tiempos, y con número ha contado las estaciones; y no las moverá ni las alterará hasta que dicha medida se cumpla.”

La naturaleza cambia, pero también la humanidad. Dios está preparando el camino para la nueva era, la era del Reino, y vemos señales aquí y allá del deseo del hombre por volver a una vida más pacífica, creativa y en armonía con la naturaleza. Pero, en general, predominan la intolerancia, el egoísmo, la codicia y la violencia. Las tensiones globales, reflejadas en la agresividad de ciertas naciones, muestran que, sin la intervención de Dios, la humanidad podría autodestruirse.

Mateo 24:6-7(LBLA),

6 Y habréis de oír de guerras y rumores de guerras. ¡Cuidado! No os alarméis, porque es necesario que todo esto suceda; pero todavía no es el fin. 7 Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino, y en diferentes lugares habrá hambre y terremotos.

Dios promete que no permitirá que esto suceda:

Mateo 24:22 (LBLA),

22 Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.

Esdras también nos recuerda:

2 Esdras 6:5-6 (RSV),

“Antes de que se buscaran los años presentes, y antes de que se alejaran las imaginaciones de los que ahora pecan, antes de que fueran sellados los que han reunido la fe como un tesoro: entonces consideré estas cosas, y todas fueron hechas solo por mí, y por ningún otro: por mí también serán terminadas, y por ningún otro.”

Por eso, todo intento humano de “salvar” al planeta sin Dios está destinado al fracaso y Sin la intervención de Dios, todo esfuerzo humano está destinado al fracaso:

Salmo 127:1,

1 Si Jehová no edificare la casa, en vano trabajan los que la edifican; si Jehová no guardare la ciudad, en vano vela la guarda.

Dios nos ha mostrado cuál es nuestro camino:

Malaquías 3:7,

7 Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de mis leyes, y no las guardasteis. Volveos a mí, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?

Deuteronomio 32:20 (JBS),

20 Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su postrimería; que son generación de perversidades, hijos sin fe.

Aunque esto se dijo a Israel hace siglos, sigue siendo completamente relevante hoy. Dios observa al mundo, esperando que los “tiempos medidos” y las “temporadas contadas” se cumplan. Entonces actuará, y los verdaderos creyentes se regocijarán en Su venida, mientras que aquellos que adversarios descubrirán que no hay dónde ocultarse del Espíritu Todopoderoso, El Shaddai, que todo lo ve y todo lo sabe.

Su llamado a nosotros es claro:

2 Crónicas 7:14,

14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.

Aunque vemos caos, violencia y egoísmo en el mundo, Dios asegura que Su plan se cumplirá.

Mateo 24:22,

22 Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados.

Llamado a la preparación

El mundo pregunta: “¿Dónde está tu Dios?”

Deuteronomio 32:20,

20Entonces Él dijo: Esconderé de ellos mi rostro, veré cuál será su fin; porque son una generación perversa, hijos en los cuales no hay fidelidad.

Nuestro llamado es claro: humillarnos, orar, buscar Su rostro y convertirnos de nuestros malos caminos.

En 2 Pedro 3, el apóstol Pedro dedica toda una sección de las Escrituras a enseñar cómo debemos prepararnos para el regreso de Jesús. Esta preparación exige un nivel de compromiso radicalmente distinto. Prepararse para la venida de Cristo no es algo estacional ni momentáneo: es un compromiso para toda la vida.

En 2 Pedro 3:14, Pedro exhorta a los creyentes con estas palabras:

Por lo cual, amados, puesto que esperáis estas cosas (es decir, la venida del Señor), procurad con diligencia ser hallados por Él en paz, sin mancha e irreprensibles.

En primer lugar, Pedro nos llama a “esperar” la venida del Señor. Este verbo proviene de una palabra griega que expresa una expectativa intensa, marcada por fervor y una convicción firme e inquebrantable. No se trata de una espera pasiva, sino de vivir con la conciencia constante de que el Señor podría regresar en cualquier momento (cf. 

Mateo 24:42 (LBLA),

42 Por tanto, velad, porque no sabéis en qué día vuestro Señor viene.

Tito 2:13 (LBLA),

13 aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús,

La venida de Cristo debe ser una realidad tan profunda en nuestro corazón que moldee nuestra manera de vivir. Es una esperanza viva que nos mantiene alerta, despiertos espiritualmente y enfocados.

Además, Pedro añade que debemos ser diligentes mientras esperamos. El término griego spoudázō implica urgencia, dedicación y esfuerzo continuo. Describe a alguien que se aplica con seriedad, que da lo mejor de sí y que se compromete de manera total y constante. Esta preparación no es intermitente ni depende de estados emocionales; es una decisión firme y sostenida de vivir listos para encontrarnos con Cristo,

Filipenses 3:20–21 (LBLA),

20 Porque nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también ansiosamente esperamos a un Salvador, el Señor Jesucristo, 21 el cual transformará el cuerpo de nuestro estado de humillación en conformidad al cuerpo de su gloria, por el ejercicio del poder que tiene aun para sujetar todas las cosas a sí mismo.

Cuando hablamos de diligencia, nos referimos a una actitud consciente, persistente y activa, que no se relaja ni se descuida con el paso del tiempo. Es la convicción de que nunca debemos dejar de estar preparados para ese encuentro glorioso con el Señor.

En ese sentido, prepararse para la venida de Cristo es “adornar” la vida con cualidades piadosas todos los días del año, 

Colosenses 3:12–14 (LBLA),

12 Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; 13 soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. 14 Y sobre todas estas cosas, vestíos de amor, que es el vínculo de la unidad.

1 Pedro 1:15–16 (LBLA),

15 sino que así como aquel que os llamó es santo, así también sed vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; 16 porque escrito está: Sed santos, porque Yo soy santo.

No es una preparación externa ni superficial, sino una transformación constante del carácter, vivida con la mirada puesta en Aquel que viene pronto.

El mensaje es urgente: volver a Dios es la clave. Preparémonos para Su encuentro, renovando nuestra fe y buscando Su rostro.

¡Así sea! ¡Ven, Señor Jesús!

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *

Time limit is exhausted. Please reload CAPTCHA.