Su Fundamento

Los artículos dentro del Arca del Pacto (Parte 4 – Final)

La obediencia de Cristo: La tentación del orgullo y la autoridad

En otra tentación, Jesús fue llevado al pináculo del templo. Allí fue confrontado con el orgullo espiritual, pero nuevamente venció usando la Palabra de Dios: “No tentarás al Señor tu Dios.”

Mateo 4:5–7, 

5 Entonces el diablo le pasa a la Santa ciudad, y le pone sobre las almenas del Templo,

6 Y le dice: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; que escrito está: A sus ángeles mandará por ti, y te alzarán en las manos, para que nunca tropieces con tu pie en piedra.

7 Jesús le dijo: Escrito está además: No tentarás al Señor tu Dios.

Ese mismo orgullo fue el que se movió en el campamento de Israel, produciendo rebelión contra Dios y contra el liderazgo que Él había escogido y ungido.

Por eso, ya no necesitamos recordar el aspecto negativo de la vara de Aarón que reverdeció, porque a Cristo le ha sido dada toda autoridad: “Todo lo sujetaste bajo sus pies.”

Hebreos 2:8, (JBS)

8 todas las cosas sujetaste debajo de sus pies; porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él. Mas aun no vemos que todas las cosas le son sujetas.

Cristo fue confirmado con poder: “Declarado Hijo de Dios con poder… por la resurrección de entre los muertos.”

Romanos 1:4, (JBS),

4 el cual fue declarado Hijo de Dios con potencia, según el Espíritu de santificación, por la resurrección de los muertos, de Jesús, el Cristo, Señor nuestro,

Jesucristo es:

El poder y la sabiduría de Dios 

1 Corintios 1:24,

24 pero a los llamados, así judíos como griegos, Cristo es potencia de Dios, y sabiduría de Dios.

El Señor de gloria 

1 Corintios 2:8,

8 la que ninguno de los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca habrían crucificado al Señor de gloria.

Salmo 24:8,

8 ¿Quién es este Rey de gloria?

Jehová el fuerte y valiente,

Jehová el poderoso en batalla.

Dios bendito por los siglos

Romanos 9:5,

5 de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.

El heredero de todas las cosas 

Apocalipsis 21:7,

7 El que venciere heredará todas las cosas, y yo seré su Dios, y él será mi hijo.

Jesucristo resistió y venció todas las tentaciones que lo confrontaron.

La tentación de la gloria y la obediencia perfecta

Finalmente, Satanás mostró a Jesús todos los reinos del mundo y su gloria. Sus ojos vieron, pero su corazón no deseó lo que no provenía del Padre. “Al Señor tu Dios adorarás, y a Él solo servirás.”

Mateo 4:8–10, 

8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, 9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares. 10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.

La adoración y obediencia de Cristo estaban completamente alineadas con la voluntad del Padre.

Las tablas del pacto y el nuevo corazón

Ya no necesitamos mirar el aspecto negativo de las tablas del pacto dentro del arca. Cristo no solo cumplió la ley, sino que la llevaba en su propio corazón, como parte de su naturaleza perfecta.

Dios lo había prometido: “Pondré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón.”

Jeremías 31:33,

33 Pero este es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová: Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón; y yo seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

Y el autor de Hebreos confirma su cumplimiento en Cristo: “Pero éste, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados… Pondré mis leyes en sus corazones.”

Hebreos 10:12, 16;

12 pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,

16 Este es el pacto que haré con ellos

Después de aquellos días, dice el Señor:

Pondré mis leyes en sus corazones,

Y en sus mentes las escribiré,

Israel no pudo resistir las tentaciones después de convertirse en nación. Cristo sí pudo, y lo hizo por nosotros.

El propiciatorio: el centro de todo

Finalmente, debemos considerar algo esencial acerca del Arca del Pacto. Sobre el arca estaba el propiciatorio, cuyo significado literal es una cubierta sangrienta, sin la cual Israel jamás habría recibido justificación.

Dentro del arca había tres recordatorios del pecado del pueblo:

Deseos de los ojos

Mandamientos quebrantados

Murmuración y rebelión

Verdaderamente, necesitaban un cubrimiento.

Ese cubrimiento era provisto cuando el sumo sacerdote rociaba la sangre sobre el propiciatorio: “Y así entrar en el Lugar Santísimo una vez al año… no sin sangre.”

Hebreos 9:6–8, 

6 Y así dispuestas estas cosas, en la primera parte del tabernáculo entran los sacerdotes continuamente para cumplir los oficios del culto; 7 pero en la segunda parte, sólo el sumo sacerdote una vez al año, no sin sangre, la cual ofrece por sí mismo y por los pecados de ignorancia del pueblo; 8 dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie.

Esa sangre era rociada siete veces, haciendo expiación completa por el pueblo: “Pero estando ya presente Cristo… no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención.”

Hebreos 9:11–14, 

11 Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, 12 y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. 

13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, 14 ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?

Cristo hizo una expiación perfecta por medio de su vida, su muerte y su resurrección. Él quitó las quejas, la murmuración y la rebelión, y proveyó reconciliación completa para su pueblo.

Todo esto fue hecho en el Calvario.

Las sombras y los tipos: el significado espiritual del arca

La Escritura nos enseña que el tabernáculo, el arca y los objetos que contenía no eran el fin en sí mismos, sino sombras y figuras que apuntaban a una realidad mayor.

El apóstol Juan nos advierte sobre el sistema de valores de este mundo: “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo…”

1 Juan 2:15–17, 

15 No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. 17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Y el autor de Hebreos afirma claramente: “Lo cual es símbolo para el tiempo presente…”

Hebreos 9:9, 

9 Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto,

Esto nos muestra que las cosas contenidas en el arca y en el tabernáculo eran tipos espirituales, lecciones visibles para una edad temporal, que encuentran su cumplimiento pleno en Cristo.

Los tres elementos del arca y su enseñanza espiritual

1. Las tablas de la Ley

Santidad – el Camino

La Ley revelaba el carácter santo de Dios y su estándar perfecto. La enseñanza central de la Ley es santidad:

Levítico 11:44,

“Porque yo soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis…”

El apóstol Pedro retoma esta misma verdad en el Nuevo Testamento:

1 Pedro 1:15–16,

“Como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir.”

La lección que la Ley deja para nosotros es clara: Dios es santo, y llama a su pueblo a caminar en santidad. En Cristo, esta santidad no es solo un mandato externo, sino un camino de vida transformada.

2. La urna de oro que contenía el maná

La Palabra – la Verdad

El maná representaba la provisión diaria de Dios, pero espiritualmente señala a algo más profundo: la Palabra de Dios.

Jesús es la Palabra eterna:

Juan 1:1, 14,

“En el principio era el Verbo… y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros.”

Desde la eternidad, Cristo ha sido la Palabra viva. En su primera venida, habitó entre nosotros; y cuando vuelva en poder, la Escritura lo describe así:

Apocalipsis 19:13,

“Y estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS.”

La urna de oro con el maná nos enseña que la verdadera vida no proviene solo del pan físico, sino de la Palabra viva de Dios, plenamente revelada en Jesucristo.

3. La vara de Aarón que reverdeció

El Ungimiento – la Vida

La vara de Aarón es un tipo del ungimiento divino, del respaldo y autoridad que provienen de Dios. Este símbolo encuentra su cumplimiento completo en Jesucristo.

En su bautismo vemos la confirmación del Espíritu:

Mateo 3:16,

“Y Jesús… vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma.”

El Antiguo Testamento ya lo había anunciado:

Salmo 45:7,

“Por tanto, Dios, el Dios tuyo, te ha ungido con óleo de alegría más que a tus compañeros.”

Jesús mismo declaró:

Lucas 4:18,

“El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido…”

Pedro confirma esta verdad:

Hechos 10:38,

“Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret.”

Isaías lo profetizó siglos antes:

Isaías 11:1–2,

“Y reposará sobre él el Espíritu de Jehová…”

La vara que florece nos habla de vida sobrenatural, de autoridad confirmada por Dios y del poder del Espíritu manifestado en Cristo.

Cristo: el cumplimiento perfecto

Estos tres elementos convergen perfectamente en Jesús:

El Camino –– Las tablas de la Ley –– Santidad

La Verdad –– La vasija con el maná –– La Palabra

La Vida   ––   La vara de Aarón –– El Ungimiento

Jesús mismo lo declaró en Juan 14:6,

“Yo soy el camino, y la verdad, y la vida.”

Todo lo que estaba en el arca señalaba hacia Cristo.

Lo que fue sombra, Él lo hizo realidad.

Lo que fue tipo, Él lo cumplió perfectamente.

En Cristo encontramos:

Santidad que transforma,

Palabra que da vida,

Ungimiento que vence la muerte.

El arca ya no nos señala el pasado, nos conduce a Cristo.

Donde hubo murmuración, Él trajo provisión. Donde hubo rebelión, Él estableció autoridad. Donde hubo Ley quebrantada, Él escribió la Ley en nuestros corazones.

Todo fue consumado en el Calvario. ¡¡Amen!!

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