Cuando los gobernantes callan
Vivimos en una era en la que las estructuras mundiales de autoridad, gobiernos nacionales y locales, fuerzas policiales, sistemas educativos, salud pública, la industria del entretenimiento, corporaciones farmacéuticas, la Organización Mundial de la Salud, e incluso organismos deportivos, ejercen una influencia profunda sobre la vida cotidiana. Muchos suponen que estas instituciones actúan conforme a su propio criterio o convicciones. Sin embargo, esa suposición es errónea.
Es una verdad ineludible que, si las leyes divinas fueran suspendidas por un solo instante, el cosmos entero se desvanecería en el caos; pues todo lo que existe subsiste y se mantiene unido únicamente por la palabra poderosa del Creador. Ante tal evidencia, surge el clamor inevitable: ¿Quién es este Soberano Dios? y ¿por qué Su nombre ha sido desterrado de nuestras escuelas, colegios y universidades?
Colosenses 1:16–17,
16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;
Hebreos 1:3,
3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,
Las Escrituras son claras y exigentes con aquellos que gobiernan, ya sea en pequeña o gran escala. Gobernar no es simplemente administrar poder; es un llamado espiritual con requisitos morales bien definidos. Hoy en día, la mayoría de quienes ocupan posiciones de autoridad ni siquiera comienza a cumplir con esos criterios.
Jesús lo expresó sin ambigüedades: “El que no es conmigo, contra mí es…”
Mateo 12:30,
30 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
Lucas 11:23,
23 El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama.
Esta declaración no fue dirigida a un grupo selecto, sino a toda la humanidad, y de manera especial a quienes ejercen liderazgo. No existe neutralidad ante Cristo, y mucho menos en el ejercicio del poder.
¿Por qué es crucial que el gobierno se someta a Dios?
Porque el cristianismo no es una ideología más: es la base misma de la existencia. Habla del Creador y de su creación; de las leyes que sostienen el universo visible e invisible; del orden moral que rige a individuos, familias y naciones. Abarca el cosmos, el tiempo, la eternidad y la estructura de cada átomo.
Daniel 2:21,
21 Él muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos.
Proverbios 8: 15-17,
15 Por mí reinan los reyes, y los príncipes determinan justicia.
16 Por mí dominan los príncipes, y todos los gobernadores juzgan la tierra.
17 Yo amo a los que me aman; y los que me buscan me hallan.
Vivimos en una era de profunda contradicción: el hombre moderno admira la precisión de la ciencia, pero desprecia sistemáticamente al Autor de esa armonía. Mientras las instituciones académicas se esfuerzan por descifrar los mecanismos de la creación, ocultan deliberadamente la mano del Creador. Esta omisión no es un error intelectual, sino una rebelión espiritual; una estructura de pensamiento diseñada para excluir lo divino de la realidad fundamental.
Romanos 1:20 RVA,
20 Porque las cosas invisibles de Él, su eterna potencia y divinidad, se echan de ver desde la creación del mundo, siendo entendidas por las cosas que son hechas; de modo que son inexcusables:
Oseas 4:6 RVA,
6 Mi pueblo fué talado, porque le faltó sabiduría. Porque tú desechaste la sabiduría, yo te echaré del sacerdocio: y pues que olvidaste la ley de tu Dios, también yo me olvidaré de tus hijos.
Es una verdad ineludible que, si las leyes divinas fueran suspendidas por un solo instante, el cosmos entero se desvanecería en el caos; pues todo lo que existe subsiste y se mantiene unido únicamente por la palabra poderosa del Creador. Ante tal evidencia, surge el clamor inevitable: ¿Quién es este Soberano y por qué Su nombre ha sido desterrado de las aulas escolares y universidades?
Colosenses 1:16–17,
16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten;
Hebreos 1:3,
3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas,
¿Se pretende acaso que el universo brotó de la nada por su propio arbitrio? ¿Que somos el residuo de una explosión impersonal o el fruto de una casualidad cósmica?
Isaías 45:18,
18 Porque así dijo Jehová, que creó los cielos; él es Dios, el que formó la tierra, el que la hizo y la compuso; no la creó en vano, para que fuese habitada la creó: Yo soy Jehová, y no hay otro.
¿Es racional creer que la colisión fortuita de “nada” con “nada” produjo, inexplicablemente, la majestuosidad de todo lo que vemos?
Nehemías 9:6,
6 Tú solo eres Jehová; tú hiciste los cielos, y los cielos de los cielos, con todo su ejército, la tierra y todo lo que está en ella, los mares y todo lo que hay en ellos; y tú vivificas todas estas cosas, y los ejércitos de los cielos te adoran.
Salmo 33:6,
6 Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos,
Y todo el ejército de ellos por el aliento de su boca.
Sorprendentemente, esta narrativa vacía es la que impera en escuelas y universidades, abrazada con una docilidad alarmante por las masas. No nos engañemos: esto es el resultado de un prolongado adoctrinamiento impulsado por huestes anticristianas. Su objetivo ha sido claro desde el principio: moldear una sociedad apóstata, completamente alienada de Dios y de Su verdad eterna.
Salmo 2:1-4,
1 ¿Por qué se amotinan las gentes,
Y los pueblos piensan cosas vanas?
2 Se levantarán los reyes de la tierra,
Y príncipes consultarán unidos
Contra Jehová y contra su ungido, diciendo:
3 Rompamos sus ligaduras,
Y echemos de nosotros sus cuerdas.
4 El que mora en los cielos se reirá;
El Señor se burlará de ellos.
La Sordera del Poder Humano
¿Cómo puede la humanidad abrazar semejante ilusión? La Escritura responde sin ambages: el mundo ha sucumbido a la ceguera impuesta por el archienemigo, ese ser maligno que merodea la tierra con una libertad que estremece.
2 Corintios 4:4,
4 en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.
1 Pedro 5:8,
8 Sed sobrios, y velad; porque vuestro adversario el diablo, como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar;
Ante esto, surge la objeción simplista: “Si Dios es amor, ¿por qué permite tal libertad a Satanás?”. Este cuestionamiento ignora una verdad fundamental que incluso muchos creyentes omiten: Dios, en Su soberanía absoluta, le ha concedido ese margen de acción; más aún, Él es el Arquitecto de todo lo que existe. La Escritura es tajante al respecto:
Isaías 45:7,
7 que formo la luz y creo las tinieblas, que hago la paz y creo la adversidad. Yo Jehová soy el que hago todo esto.
Isaías 54:16,
16 He aquí que yo hice al herrero que sopla las ascuas en el fuego, y que saca la herramienta para su obra; y yo he creado al destruidor para destruir.
Solo bajo este diseño puede existir la verdadera libertad moral: la capacidad de elegir entre la vida y la muerte, entre el bien y el mal,
Deuteronomio 30:19,
19 A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia;
Incluso nuestro Señor Jesucristo fue tentado por aquel a quien Él mismo reconoció como el “príncipe de este mundo”:
Juan 14:30,
30 No hablaré ya mucho con vosotros; porque viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.
Mateo 4:1–3,
1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. 2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre. 3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
Lucas 4:13 NBLA,
13 Cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de Él esperando un tiempo oportuno.
El Estado Mudo: Crisis y Omisión
Mientras quienes nos gobiernan no reconozcan que Dios no puede ser burlado (Gálatas 6:7), continuarán incurriendo en el mismo error denunciado por el profeta:
Isaías 5:20,
20 ¡Ay de los que a lo malo dicen bueno, y a lo bueno malo; que hacen de la luz tinieblas, y de las tinieblas luz; ¡que ponen lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo!
Romanos 1:18–20, 24- 32;
18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que detienen con injusticia la verdad; 19 porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó. 20 Porque las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
24 Por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones, de modo que deshonraron entre sí sus propios cuerpos, 25 ya que cambiaron la verdad de Dios por la mentira, honrando y dando culto a las criaturas antes que al Creador, el cual es bendito por los siglos. Amén.
26 Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza, 27 y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío.
28 Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen; 29 estando atestados de toda injusticia, fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades; 30 murmuradores, detractores, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, altivos, inventores de males, desobedientes a los padres, 31 necios, desleales, sin afecto natural, implacables, sin misericordia; 32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no solo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican.
Bajo un liderazgo que rechaza estos principios eternos, la sociedad avanza inexorablemente hacia su propia destrucción. No es un camino inexplorado; es la senda que ya recorrieron imperios antiguos, hoy reducidos a ruinas y libros de historia.
