Su Fundamento

El Cuerpo de Cristo – Parte 2


La Morada del Espíritu Santo

Es innegable que los discípulos ya poseían un conocimiento asombroso sobre el poder del Espíritu Santo. De hecho, Jesús mismo les había asegurado en Juan 14:17: “El Espíritu de verdad, al cual el mundo no puede recibir, porque no le ve, ni le conoce; pero vosotros le conocéis, porque mora con vosotros, y estará en vosotros.” Esto nos indica que el Espíritu ya estaba activamente presente y operando con ellos de manera abundante.

Sin embargo, tras el evento de Pentecostés, la dinámica de la relación con el Espíritu Santo experimentó una transformación radical. Ya no se trataba solo de que el Espíritu morara con ellos, sino que, como Jesús había prometido, ahora pasaría a morar en ellos. Esta es una distinción crucial que marca una nueva era en la relación entre Dios y la humanidad.

Aunque este cambio no implicó ninguna alteración física perceptible en los discípulos, la implicación espiritual fue profunda. La presencia interna del Espíritu significaba una unión más íntima y una capacitación para una vida y un ministerio que antes no eran posibles. Es la diferencia entre tener un huésped en tu casa y tener a alguien que reside permanentemente en tu interior, transformándote desde dentro. 

Este empoderamiento es evidente en la audacia y el poder con que los apóstoles predicaron y realizaron milagros después de Pentecostés, tal como se narra en el libro de los Hechos de los Apóstoles.

Juan 7:39,

“pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aun glorificado”.

Jesucristo, siendo intrínsecamente perfecto, fue manifestado como el Templo viviente de Dios cuando el Espíritu Santo descendió sobre Él.

Juan 1:32-34, 

32 También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre él. 33 Y yo no le conocía; pero el que me envió a bautizar con agua, aquel me dijo: Sobre quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo. 34 Y yo le vi, y he dado testimonio de que este es el Hijo de Dios.

Nuestro señor Jesús se convirtió en el modelo y el camino para todos aquellos que vendrían después. En Él, somos perfeccionados, limpiados por Su sangre redentora y justificados ante Dios:

Hebreos 10:10, 

10 En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre.

Romanos 5:9, 

9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.

Romanos 3:24, 

24 siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús,

Su vida y ministerio nos muestran cómo es posible vivir en plena comunión con el Padre, a través de la morada del Espíritu.

Lucas 11:9-13,

“Pedid y se os dará, buscad y hallareis”.

Hechos 1:4,14,  

“Seréis bautizados con el Espíritu Santo…”.

Hechos 5:32,  

“el cual ha dado Dios a los que obedecen”.

Lucas 24:49,  

“He aquí yo enviare la promesa de mi Padre sobre vosotros en la ciudad de Jerusalén, hasta que seáis investidos de poder desde lo alto”.

El Mesías-Cristo 

Es una realidad que, a menudo, las iglesias cristianas no profundizan lo suficiente en ciertas verdades espirituales, lo que lleva a muchos a preguntarse: ¿Es posible que, además de Jesús de Nazaret, otros puedan ser o hayan sido ungidos por Dios a través de Su Espíritu?

Sin embargo, esta es una enseñanza clara y recurrente en los escritos de los apóstoles, especialmente en los de Pablo. Él no solo hace referencia al momento en el Jordán, cuando Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo (Hechos 10:38), sino que también extiende esta verdad a los creyentes. Pablo explica consistentemente que los seguidores de Cristo también son partícipes de esta unción divina, recibiendo el Espíritu Santo como sello y garantía de su fe (2 Corintios 1:21-22, 1 Juan 2:20, 27). Esta unción capacita a los creyentes para vivir una vida que glorifica a Dios y para llevar a cabo la obra del ministerio.

Hechos 10:34-38, 

“Como Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y como este anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él”.

1 Samuel 2:10,

10 Delante de Jehová serán quebrantados sus adversarios,

Y sobre ellos tronará desde los cielos;

Jehová juzgará los confines de la tierra,

Dará poder a su Rey,

Y exaltará el poderío de su Ungido.

Lucas 2:25-32,

25 Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 26 Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. 27 Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, 28 él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo:

29 Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra;

30 Porque han visto mis ojos tu salvación,

31 La cual has preparado en presencia de todos los pueblos;

32 Luz para revelación a los gentiles,

Y gloria de tu pueblo Israel.

Isaías 61:1,

61 El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel;

Un pasaje maravilloso en el libro de Lucas, donde en el día de reposo entra Jesús en la sinagoga proclamando la legitimidad de su ministerio. Se levantó a leer… note, que se le dio el libro del profeta Isaías (una gran coincidencia), habiendo abierto el libro, hallo el pasaje. Cumpliendo a cabalidad la profecía del profeta Isaías. “HOY se ha cumplido esta escritura delante de vosotros.”

Lucas 4:16-21,

16 Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposoentró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer.

 17 Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito:

18 El Espíritu del Señor está sobre mí,

Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;

Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;

A pregonar libertad a los cautivos,

Y vista a los ciegos;

A poner en libertad a los oprimidos;

19 A predicar el año agradable del Señor.

20 Y enrollando el libro, lo dio al ministro, y se sentó; y los ojos de todos en la sinagoga estaban fijos en él. 21 Y comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros. 

Hechos 4:27,

27 Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel,

2 Corintios 1:21-22, 

“y el que nos ungió es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras (anticipo, pago por adelantado, cuota inicial) del Espíritu en nuestros corazones”.

Esto de ninguna manera implica que algún ser humano pueda estar al mismo nivel que Jesucristo. Muy por el contrario, la Palabra de Dios es clara al afirmar que solamente en Él “habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad” (Colosenses 2:9). Jesús no es simplemente un hombre excepcional o un líder espiritual sobresaliente; Él es el Hijo de Dios, plenamente divino y plenamente humano, único en su naturaleza y misión.

Además, debemos tener presente que Cristo ha sido exaltado por encima de todo y de todos. Como cabeza de la Iglesia, que es Su cuerpo,

Efesios 1:22-23,

22 y sometió todas las cosas bajo sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, 

23 la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.

Él ha sido ungido y consagrado por Dios “con óleo de alegría más que a sus compañeros”. 

Hebreos 1:9; 

9 Has amado la justicia, y aborrecido la maldad,

Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo,

Con óleo de alegría más que a tus compañeros.

Salmo 45:7,

7 Has amado la justicia y aborrecido la maldad;

Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo,

Con óleo de alegría más que a tus compañeros.

Esta unción especial subraya Su supremacía y autoridad inigualables, no sólo sobre los seres humanos, sino también sobre todo principado, autoridad y poder.

Colosenses 1:16-18,

16 Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. 17 Y él es antes de todas las cosas, y todas las cosas en él subsisten; 18 y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;

En resumen, Jesús ocupa un lugar de absoluta preeminencia, y ningún otro puede compartir Su posición como el Cristo, el Ungido de Dios, Señor y Salvador de todos.

En conclusión, Jesucristo ocupa un lugar de suprema preeminencia en toda la creación. Ningún otro ser, humano o celestial, puede compartir Su posición única como el Mesías, el Ungido de Dios. Él es el Señor soberano y el único Salvador del mundo.

Hechos 4:12, 

12 Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.

Exaltado por encima de todo nombre, “para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla… y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”.

Filipenses 2:10-11,

10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

En definitiva, Cristo reina en una altura que nadie más puede alcanzar.

Él no es uno entre muchos, sino el Único entre todos.

El Ungido del Padre, lleno de gracia y verdad, aquel en quien habita toda la plenitud de Dios.

Su nombre es sobre todo nombre, y ante Él se doblará toda rodilla.

Filipenses 2:9-11,

9 Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, 10 para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; 11 y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Ninguna corona se compara con la que Él lleva, ningún trono con el que Él ocupa.

Apocalipsis 10:11,

10 los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: 

11 Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.

No hay otro Redentor, ni otro Señor, porque solo en Jesús hay salvación.

Él es el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero en todo,

y el centro eterno de la Iglesia que lleva Su nombre.

Salmo 45:6-7,

Tu trono, oh Dios, es eterno y para siempre;

Cetro de justicia es el cetro de tu reino.

Has amado la justicia y aborrecido la maldad;

Por tanto, te ungió Dios, el Dios tuyo,

Con óleo de alegría más que a tus compañeros.

Hebreos 1:8-9,

Mas del Hijo dice:

Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;

Cetro de equidad es el cetro de tu reino.

Has amado la justicia, y aborrecido la maldad,

Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo,

Con óleo de alegría más que a tus compañeros.

Sin embargo, las escrituras nos enseñan que otros aparte de Jesús, vendrán a ser parte de un cuerpo privilegiado de ungidos, llamado: El Cuerpo de Ungidos. Llamado también como: El Cuerpo de Cristo, el cual el apóstol Pablo nos enseña que está formado de muchos miembros.

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