Su Fundamento

Idolatría, sincretismo y la teología de la adoración – Parte 1

El propósito del mandamiento

Éxodo 20:4-6 (RV1960),

4 No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. 5 No te inclinarás a ellas, ni las honrarás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen, 6 y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos.

La prohibición de las imágenes no se refiere a la creación de arte en sí misma, sino a la fabricación de imágenes para uso religioso, es decir, para adoración o veneración.

El libro de apocalipsis el apóstol Juan comienza señalando que la segunda bestia es extremadamente engañosa. La ironía radica en que esta bestia, surgida de la tierra, “engaña a los que habitan en la tierra”. La expresión funciona como una metáfora bíblica: quienes pertenecen a la tierra están ligados a la naturaleza humana caída y, por tanto, hechos a imagen del primer Adán. En otras palabras, la advertencia de Juan subraya que nuestra humanidad, al no estar transformada por Dios, nos hace vulnerables al engaño y a la seducción de fuerzas que imitan lo divino.

Mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia

Apocalipsis 13:11-14,

11 Después vi otra bestia que subía de la tierra; y tenía dos cuernos semejantes a los de un cordero, pero hablaba como dragón. 12 Y ejerce toda la autoridad de la primera bestia en presencia de ella, y hace que la tierra y los moradores de ella adoren a la primera bestia, cuya herida mortal fue sanada. 13 También hace grandes señales, de tal manera que aun hace descender fuego del cielo a la tierra delante de los hombres. 14 Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió.

El anhelo de todo verdadero creyente es portar esta marca (tav), que en hebreo significa: “marca, señal o firma”, interna de su fidelidad y su identidad como siervo de Jesucristo. Esta marca no es simplemente simbólica; es un sello de protección espiritual y de pertenencia a Dios, que asegura al creyente frente al juicio y al mal. De hecho, el concepto de la marca divina ya aparece en Ezequiel 9:4, donde Dios ordena sellar a los elegidos antes de la destrucción de Jerusalén, preservándolos de la destrucción que caía sobre los impíos.

En suma, recibir la marca de Dios implica discernimiento, obediencia y consagración: es la manera de vivir de acuerdo con Su palabra, reflejar Su carácter en nuestras acciones y permanecer firmes en medio de un mundo que constantemente ofrece falsos ídolos y engaños.

Una imagen a la Bestia (icono)

Apocalipsis 13:14,

14 Y engaña a los moradores de la tierra con las señales que se le ha permitido hacer en presencia de la bestia, mandando a los moradores de la tierra que le hagan imagen a la bestia que tiene la herida de espada, y vivió.

Menciona “una imagen para o a la bestia”, lo que nos da la clave para entender correctamente el versículo siguiente, que habla de “la imagen de la bestia”. Es importante no confundir estos términos: la imagen no es simplemente una representación visual de la bestia. Más bien, es una creación que proviene de la bestia, que refleja su naturaleza y su autoridad, y actúa como un instrumento de ella.

El hecho de que la imagen sea descrita como “a o para” la bestia subraya que fue creada con un propósito funcional: no existe por sí misma, sino que sirve a los intereses de la bestia, reforzando su poder y extendiendo su influencia sobre aquellos que la adoran. En otras palabras, la imagen no es neutral; está intrínsecamente ligada a la bestia, diseñada para atraer, engañar y manipular, cumpliendo la voluntad de aquel a quien representa.

De esta manera, la Escritura nos muestra que la adoración de la imagen no es un acto inocente de veneración artística, sino un acto de alineación con la autoridad y los fines de la bestia, lo que tiene profundas implicaciones espirituales y éticas. La distinción entre “para” y “de” enfatiza que la imagen no surge de la creatividad humana para expresar algo neutro, sino que es un instrumento deliberado de engaño, surgido del poder de la bestia y destinado a sus fines.

Diferencia entre arte y culto

Dios no prohíbe esta forma de arte, escultura o representación visual cuando está diseñada para una ilustración espiritual que él ha ordenado. El mandamiento es claro: “No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto” (Éxodos 20:5). Lo condenado no es en sí a la existencia de imágenes, sino su uso como objetos de adoración.

Deuteronomio 4:15-19 (RV1960),

15 Guardad, pues, mucho vuestras almas; pues ninguna figura visteis el día que Jehová habló con vosotros de en medio del fuego; 16 para que no os corrompáis y hagáis para vosotros escultura, imagen de figura alguna, efigie de varón o hembra, 17 figura de animal alguno que está en la tierra, figura de ave alguna alada que vuele por el aire, 18 figura de ningún animal que se arrastre sobre la tierra, figura de pez alguno que haya en el agua debajo de la tierra. 19 No sea que alces tus ojos al cielo, y viendo el sol y la luna y las estrellas, y todo el ejército del cielo, seas impulsado, y te inclines a ellos y les sirvas; porque Jehová tu Dios los ha concedido a todos los pueblos debajo de todos los cielos.

Isaías 44:9-10, 18-19 (RV1960),

9 Los formadores de imágenes de talla, todos ellos son vanidad, y lo más precioso de ellos para nada es útil; y ellos mismos son testigos para su confusión, de que los ídolos no ven ni entienden. 10 ¿Quién formó un dios, o quién fundió una imagen que para nada es de provecho?

18 No saben ni entienden; porque cerrados están sus ojos para no ver, y su corazón para no entender. 19 No discurre para consigo, no tiene sentido ni entendimiento para decir: Parte de esto quemé en el fuego, y sobre sus brasas cocí pan, asé carne, y la comí. ¿Haré del resto de él una abominación? ¿Me postraré delante de un tronco de árbol?

Lo condenado no es la existencia de imágenes, sino su uso como objetos de adoración y culto.

Diversos comentaristas señalan que el Ley de Dios no denuncia la existencia de representaciones visuales; de hecho, Dios mismo ordena crear objetos artísticos:

Los querubines sobre el Arca

 Éxodo 25:18-22 (RV1960),

18 Harás también dos querubines de oro; labrados a martillo los harás en los dos extremos del propiciatorio. 19 Harás, pues, un querubín en un extremo, y un querubín en el otro extremo; de una pieza con el propiciatorio harás los querubines en sus dos extremos. 20 Y los querubines extenderán por encima las alas, cubriendo con sus alas el propiciatorio; sus rostros el uno enfrente del otro, mirando al propiciatorio los rostros de los querubines. 21 Y pondrás el propiciatorio encima del arca, y en el arca pondrás el testimonio que yo te daré. 22 Y de allí me declararé a ti, y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio, todo lo que yo te mandare para los hijos de Israel.

Los sacerdotes y el pueblo nunca rindieron adoración a estos dos querubines de oro, ya que eran únicamente una representación espiritual. El propiciatorio y los dos querubines fueron hechos de una sola pieza y colocados sobre el arca.

Las granadas, flores y figuras vegetales en el Tabernáculo y el Templo (Éxodo 26–28; 1 R 6–7).

 2 Reyes 18:4 (RV1960),

4 Él quitó los lugares altos, y quebró las imágenes, y cortó los símbolos de Asera, e hizo pedazos la serpiente de bronce que había hecho Moisés, porque hasta entonces le quemaban incienso los hijos de Israel; y la llamó Nehustán. (Esto es, Cosa de bronce).

La serpiente de bronce, la cual solo se volvió idolátrica cuando Israel la veneró,

Números 21:8-9 (RV1960),

8 Y Jehová dijo a Moisés: Hazte una serpiente ardiente, y ponla sobre un asta; y cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá. 9 Y Moisés hizo una serpiente de bronce, y la puso sobre un asta; y cuando alguna serpiente mordía a alguno, miraba a la serpiente de bronce, y vivía.

En el Antiguo Oriente, las imágenes de culto “debían” contener la “presencia” del dios, un concepto expresado mediante rituales como el mīs pî y pīt pî en Mesopotamia, donde se “abría la boca” de la estatua para que la deidad la habitara. Lógicamente que no adoraban al único Dios verdadero.

El Celo de Dios

El término “Dios celoso” designa la exclusividad relacional de YHWH con su pueblo,

Deuteronomio 4:24 (RV1960),

24 Porque Jehová tu Dios es fuego consumidor, Dios celoso.

Deuteronomio 5:9,

9 No te inclinarás a ellas ni las servirás; porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte, celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen,

Josué 24:19 (RV1960),

19 Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados.

No expresa emocionalidad irracional, caprichosa, sino alianza por medio de jun pacto: la idolatría es concebida como adulterio espiritual,

Oseas 1–3; Jeremías 3; Ezequiel 16 y 23.

La impaciencia que lleva al pecado

Éxodo 32:1-6 (RV1960),

1 Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido. 2 Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos.

3 Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón; 4 y él los tomó de las manos de ellos, y le dio forma con buril, e hizo de ello un becerro de fundición. Entonces dijeron: Israel, estos son tus dioses, que te sacaron de la tierra de Egipto. 5 Y viendo esto Aarón, edificó un altar delante del becerro; y pregonó Aarón, y dijo: Mañana será fiesta para Jehová. 6 Y al día siguiente madrugaron, y ofrecieron holocaustos, y presentaron ofrendas de paz; y se sentó el pueblo a comer y a beber, y se levantó a regocijarse.

El Retraso como prueba

Mientras Moisés recibía instrucciones divinas en el Sinaí, dejó a Aarón a cargo,

Éxodo 24:14 (RV1960),

14 Y dijo a los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros; y he aquí Aarón y Hur están con vosotros; el que tuviere asuntos, acuda a ellos.

Aarón, menos firme en su carácter, cedió a la presión del pueblo. Para retrasar su demanda, pidió que entregaran sus joyas, esperando desanimarlos,

Éxodo 32:2-3 (RV1960),

2 Y Aarón les dijo: Apartad los zarcillos de oro que están en las orejas de vuestras mujeres, de vuestros hijos y de vuestras hijas, y traédmelos. 3 Entonces todo el pueblo apartó los zarcillos de oro que tenían en sus orejas, y los trajeron a Aarón;

Comprendía, quizá sin saberlo, el principio de Jesús: 21 Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón. (Mateo 6:21).

Pero su estrategia falló. El pueblo contribuyó con entusiasmo, dejando a Aarón atrapado por su propio pensamiento y plan.

La frase “Moisés tardaba en descender” es un motivo literario recurrente en la Escritura: Dios permite intervalos de espera para probar la fidelidad.

Éxodo 32:1 (RV1960),

1Viendo el pueblo que Moisés tardaba en descender del monte, se acercaron entonces a Aarón, y le dijeron: Levántate, haznos dioses que vayan delante de nosotros; porque a este Moisés, el varón que nos sacó de la tierra de Egipto, no sabemos qué le haya acontecido.

La impaciencia es un terreno fértil para el pecado. La Escritura repite este peligro: Jesús advirtió del siervo que dice: “Mi señor tarda en venir”.

Mateo 24:48-49 (RV1960),

48 Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; 49 y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, 50 vendrá el señor de aquel siervo en día que este no espera, y a la hora que no sabe,

Lucas 12:45-46 (RV1960),

45 Mas si aquel siervo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; y comenzare a golpear a los criados y a las criadas, y a comer y beber y embriagarse, 46 vendrá el señor de aquel siervo en día que este no espera, y a la hora que no sabe, y le castigará duramente, y le pondrá con los infieles.

Cuando la espera se hace larga, el corazón se puede llenar de impaciencia y busca alternativas más atractivas y fáciles, que suplan la necesidad del instante, tomando en cuenta el cansancio espiritual que agobia la mente y corazón.

Eso ocurrió con Israel. Su agotamiento espiritual hizo que desviaran la mirada de la meta, la Tierra Prometida y buscaran una forma de adoración más emocionante, visible y controlable, parecida a las prácticas paganas de Egipto,

Josué 24:14 (RV1960),

14 Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.

Ezequiel 20:7-8 (RV1960),

7 entonces les dije: Cada uno eche de sí las abominaciones de delante de sus ojos, y no os contaminéis con los ídolos de Egipto. Yo soy Jehová vuestro Dios.

8 Mas ellos se rebelaron contra mí, y no quisieron obedecerme; no echó de sí cada uno las abominaciones de delante de sus ojos, ni dejaron los ídolos de Egipto; y dije que derramaría mi ira sobre ellos, para cumplir mi enojo en ellos en medio de la tierra de Egipto.

Cuando enfrentamos retrasos en las promesas de Dios, es natural preguntarnos cómo responde nuestro interior. La fe, por supuesto, no adopta una postura negativa; incluso puede llevarnos a dialogar con Dios, como hizo Habacuc. Sin embargo, nuestra naturaleza humana suele manifestarse a través de la decepción o la desilusión.

En el fondo, creo que estas reacciones brotan del temor: el miedo a que aquello que Dios ha prometido no llegue a cumplirse.

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