La impaciencia de Saúl y su descalificación espiritual
Saúl reunió un ejército selecto de tres mil hombres cuando apenas llevaba alrededor de dos años reinando en Israel,
1 Samuel 13:1–2 (LBLA),
1 Saúl tenía treinta años cuando comenzó a reinar, y reinó cuarenta y dos años sobre Israel.
2 Saúl escogió para sí tres mil hombres de Israel, de los cuales dos mil estaban con Saúl en Micmas y en la región montañosa de Betel, y mil estaban con Jonatán en Geba de Benjamín. Y al resto del pueblo lo despidió cada uno a su tienda.
Aunque había más hombres disponibles, decidió enviar al resto a sus casas, quedándose con un grupo reducido. Este detalle no es menor. En la narrativa bíblica, el número tres mil aparece de manera significativa en momentos de transición espiritual. Por ejemplo, en el día de Pentecostés, unas tres mil personas fueron añadidas a la Iglesia como resultado del derramamiento inicial del Espíritu Santo.
Hechos 2:41 (LBLA),
41 Entonces los que habían recibido su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil almas.
En ese contexto, el profeta Samuel ordenó a Saúl que esperara siete días antes de ofrecer sacrificio, hasta que él llegara,
1 Samuel 13:8 (LBLA),
8 El esperó siete días, conforme al tiempo que Samuel había señalado, pero Samuel no llegaba a Gilgal, y el pueblo se le dispersaba.
El número siete, asociado con plenitud y con los tiempos establecidos por Dios, subraya la importancia de obedecer el calendario divino y no actuar por cuenta propia.
Esta prueba recuerda notablemente el momento de la coronación de Saúl y, desde una lectura bíblica, puede relacionarse con las fiestas solemnes de Israel, especialmente con la Fiesta de los Tabernáculos, que representa la victoria, el reposo y la plenitud de la presencia de Dios,
Zacarías 14:16 (LBLA),
16 Y sucederá que todo sobreviviente de todas las naciones que fueron contra Jerusalén subirán de año en año para adorar al Rey, Señor de los ejércitos, y para celebrar la fiesta de los Tabernáculos.
Saúl estaba siendo probado para ver si podía gobernar no solo con autoridad política, sino con discernimiento espiritual y sujeción al orden divino. Sin embargo, fracasó.
El pecado de la impaciencia
Desde una perspectiva teológica, el pecado central de Saúl no fue simplemente ofrecer un sacrificio, sino su impaciencia, que reveló una falta de fe y de confianza en Dios. Si Saúl hubiera esperado a Samuel, es razonable pensar a la luz de otros relatos bíblicos que Dios habría confirmado el sacrificio con una señal sobrenatural, como fuego del cielo, tal como ocurrió con Moisés, con Gedeón, con David o con Elías en el monte Carmelo.
- Moisés:
Levítico 9:24 (RV1960),
24 Y salió fuego de delante de Jehová, y consumió el holocausto con las grosuras sobre el altar; y viéndolo todo el pueblo, alabaron, y se postraron sobre sus rostros.
2. Gedeón
Jueces 6:21 (LBLA),
21 Entonces el ángel del Señor extendió la punta de la vara que estaba en su mano y tocó la carne y el pan sin levadura; y subió fuego de la roca que consumió la carne y el pan sin levadura. Y el ángel del Señor desapareció de su vista.
3. David
1 Crónicas 21:26 (LBLA),
26 Entonces David edificó allí un altar al Señor, y ofreció holocaustos y ofrendas de paz. E invocó al Señor, y Él le respondió con fuego del cielo sobre el altar del holocausto.
4. Elías
1 Reyes 18:38 (LBLA),
38 Entonces cayó el fuego del Señor, y consumió el holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y lamió el agua de la zanja.
En lugar de eso, Saúl ofreció el sacrificio por su cuenta, encendiendo el fuego por medios humanos. Tipológicamente, esto puede entenderse como “fuego extraño”, una expresión que recuerda el pecado de Nadab y Abiú, quienes ofrecieron fuego que Dios no había ordenado y murieron por ello,
Levítico 10:1–2 (LBLA),
1 Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron sus respectivos incensarios, y después de poner fuego en ellos y echar incienso sobre él, ofrecieron delante del Señor fuego extraño, que Él no les había ordenado. 2 Y de la presencia del Señor salió fuego que los consumió, y murieron delante del Señor.
El problema no fue la forma externa del sacrificio, sino que no procedía de la obediencia ni del mandato divino.
Este mismo principio ha afectado repetidamente al pueblo de Dios a lo largo de la historia. Así como Saúl actuó por temor y prisa, la Iglesia, especialmente en contextos pentecostales o carismáticos ha caído a veces en la tentación de provocar artificialmente lo que solo Dios puede dar soberanamente. En su deseo legítimo de ver el “fuego” del Espíritu Santo, muchos han terminado apelando a la carne, a la emoción o a la manipulación, en lugar de esperar el tiempo de Dios,
Gálatas 3:3 (LBLA),
3 ¿Tan insensatos sois? Habiendo comenzado por el Espíritu, ¿vais a terminar ahora por la carne?
Una advertencia para la Iglesia
La Escritura nos dice explícitamente que estos relatos fueron escritos como amonestación para nosotros,
1 Corintios 10:11 (LBLA),
11 Estas cosas les sucedieron como ejemplo, y fueron escritas como enseñanza para nosotros, para quienes ha llegado el fin de los siglos.
Romanos 15:4 (LBLA),
4 Porque todo lo que fue escrito en tiempos pasados, para nuestra enseñanza se escribió, a fin de que por medio de la paciencia y del consuelo de las Escrituras tengamos esperanza.
En ese sentido, la historia de Saúl no solo explica por qué él fue descalificado como rey, sino que también nos revela qué descalifica espiritualmente al pueblo de Dios para gobernar con Cristo.
Apocalipsis 20:6 (LBLA),
6 Bienaventurado y santo es el que tiene parte en la primera resurrección; la muerte segunda no tiene poder sobre estos sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con Él por mil años.
La impaciencia se manifiesta de varias formas:
Anticiparse a Dios
Cuando la respuesta divina parece tardar, concluimos que “si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará”. Así, programamos avivamientos, fijamos fechas, diseñamos experiencias emocionales y esperamos que el Espíritu Santo se ajuste a nuestra agenda. Sin darnos cuenta, establecemos nuestros propios “tiempos señalados”, ignorando que Dios ya tiene los suyos,
Eclesiastés 3:1 (LBLA),
1 Hay un tiempo señalado para todo, y hay un tiempo para cada suceso bajo el cielo:
Habacuc 2:3 (RV1960),
3 Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará.
Actuar movidos por el temor
Saúl temía que los filisteos lo derrotaran si esperaba más tiempo,
1 Samuel 13:11–12 (RV1960),
11 Entonces Samuel dijo: ¿Qué has hecho? Y Saúl respondió: Porque vi que el pueblo se me desertaba, y que tú no venías dentro del plazo señalado, y que los filisteos estaban reunidos en Micmas, 12 me dije: Ahora descenderán los filisteos contra mí a Gilgal, y yo no he implorado el favor de Jehová. Me esforcé, pues, y ofrecí holocausto.
De forma similar, muchas iglesias temen que, si no ocurre algo espectacular pronto, la gente se desanime y se disperse. Pero cuando se actúa desde el temor, la carne termina gobernando, y el resultado suele ser precisamente aquello que se quería evitar,
Proverbios 29:25 (RV1960),
5 El temor del hombre pondrá lazo; Mas el que confía en Jehová será exaltado.
Juan 6:66 (LBLA),
66 Como resultado de esto muchos de sus discípulos se apartaron y ya no andaban con Él.
Usurpar la autoridad espiritual
Saúl tomó una función que Dios había reservado para Samuel. Este acto de usurpación revela una ruptura del orden divino. En la Iglesia, algo parecido ocurre cuando se ignora la autoridad del Espíritu y de la Palabra para imponer métodos humanos,
Hebreos 5:4 (RV1960),
4 Y nadie toma este honor para sí mismo, sino que lo recibe cuando es llamado por Dios, así como lo fue Aarón.
Jeremías 23:21 (RV1960),
21 No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban.
Imitar el avivamiento en lugar de recibirlo
El “fuego extraño” representa una imitación de lo auténtico: una forma de piedad sin el poder de Dios,
2 Timoteo 3:5 (RV1960),
2 Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, 3 sin afecto natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, 4 traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios, 5 que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a estos evita.
Puede haber ruido, emoción y actividad, pero no transformación duradera ni fruto espiritual,
Juan 15:4–6 (RV1960),
4 Permaneced en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. 5 Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer. 6 El que en mí no permanece, será echado fuera como pámpano, y se secará; y los recogen, y los echan en el fuego, y arden.
Los tiempos señalados de Dios
Las fiestas de Israel revelan el patrón profético de la obra del Espíritu Santo en la historia de la redención:
En la Pascua, el Espíritu Santo fue dado para justificar, guiando y protegiendo al pueblo.
En Pentecostés, el Espíritu fue dado como un don, las arras, es decir, como una garantía interna de lo prometido,
Hechos 2:1–4 (RV1960),
1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. 4 Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen.
Efesios 1:13–14 (RV1960),
13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
En la Fiesta de los Tabernáculos, se promete una plenitud del Espíritu, una habitación completa de Dios con su pueblo,
Juan 7:37–39 (RV1960),
37 En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. 38 El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. 39 Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él; pues aún no había venido el Espíritu Santo, porque Jesús no había sido aún glorificado.
Apocalipsis 21:3 (RV1960),
3 Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios.
Vivimos aún en la era de Pentecostés, pero en una clara transición hacia la plenitud representada por los Tabernáculos. Dentro de cada era, Dios concede derramamientos parciales o avivamientos, pero siempre conforme a su voluntad y a su tiempo soberano.
Por eso, un avivamiento no puede ser fabricado ni programado. Solo puede ser discernido, esperado y recibido. Nuestra responsabilidad no es encender el fuego, sino preparar el altar del corazón, buscar el rostro de Dios y someternos a su calendario, para no ofrecer fuego extraño y caer bajo disciplina.
2 Crónicas 7:14 (RV1960),
14 si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.
Salmo 27:8 (RV1960),
8 Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová;
Isaías 66:2 (RV1960),
2 Mi mano hizo todas estas cosas, y así todas estas cosas fueron, dice Jehová; pero miraré a aquel que es pobre y humilde de espíritu, y que tiembla a mi palabra.
