Su Fundamento

Jesús y el Reino que no es de Este Mundo

Perfecto Dios, perfecta unidad, perfecto ser, ¡perfecto amor! Una llamada a despertar a la realidad del Reino eterno

No eres de este mundo, aunque aún no lo sabes del todo, crees que lo eres porque tu mente así lo dicta. La realidad es otra. Aún no lo sabes del todo… pero no eres de este mundo. Tu mente, formada por años de experiencias y enseñanzas terrenales, te dice que sí, que este es tu hogar. Pero la realidad espiritual es muy distinta.

Así empieza esta reflexión. Una afirmación que no es solo un pensamiento poético, sino una verdad profundamente espiritual. Nuestra identidad, nuestro origen y nuestro destino no están anclados a esta tierra que perece, sino al Reino de los cielos, que es eterno. Esta comprensión cambia todo: cómo vivimos, cómo sufrimos, cómo amamos, cómo esperamos.

Jesús y el Reino que no es de este mundo

Jesús, ante Pilato, dijo claramente en el libro de Juan:

Juan 18:36,

Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo; si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí.

Y en Su oración al Padre, hablando de sus discípulos, afirmó:

“No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:16).

Estas palabras son una declaración de identidad. No se trata de un llamado a escapar del mundo físico, sino de vivir con la conciencia de que pertenecemos a otro Reino. Un Reino invisible ahora, pero más real que cualquier gobierno, ideología o estructura de poder terrenal.

La promesa de una morada eterna

Jesús consoló a sus discípulos con estas palabras:

En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros.” (Juan 14:2).

Estas moradas no son construcciones materiales, tampoco son edificios de apartamentos, sino realidades eternas preparadas para aquellos que aman a Dios. Como dice el apóstol Pablo corintios:

2 Corintios 5:1,

Si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna en los cielos.

Este mundo, siglo o sistema es temporal. La verdadera morada está con Él.

El Deseo Eterno de Dios: Habitar con Su Pueblo

Desde Génesis hasta Apocalipsis, vemos el deseo de Dios de habitar con los suyos. En Ezequiel, Él promete hacer un pacto de paz, y poner su santuario en medio de ellos para siempre:

Ezequiel 37:26–27,

26 Y haré con ellos pacto de paz, pacto perpetuo será con ellos; y los estableceré y los multiplicaré, y pondré mi santuario entre ellos para siempre. 27 Estará en medio de ellos mi tabernáculo, y seré a ellos por Dios, y ellos me serán por pueblo.

Esta promesa se hace aún más clara en el Nuevo Testamento. Ya no se trata de un templo físico, sino de nosotros como su templo:

1 Corintios 3:16,

¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?

Somos la habitación de Dios en la tierra. Él hace morada en nosotros por medio del Espíritu Santo.

Jesucristo: El Nuevo Templo

Los líderes religiosos de su tiempo no entendieron las palabras de Jesús cuando dijo en el libro de Juan capitulo 2:

Respondió Jesús y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré. (Juan 2:19).

Ellos pensaban en piedras y columnas. Jesús hablaba de su cuerpo, de Su resurrección, de una nueva realidad espiritual.

Cristo es el nuevo tabernáculo, el lugar donde Dios se encuentra con el hombre. Y nosotros, siendo parte de su cuerpo, somos hechos parte de ese templo viviente.

1 Pedro 2:5,

“Vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo”

Hebreos 8:1–2,

1Ahora bien, el punto principal de lo que se ha dicho es este: tenemos tal Sumo Sacerdote, el cual se ha sentado a la diestra del trono de la Majestad en los cielos, 2 como ministro del santuario y del tabernáculo verdadero, que el Señor erigió, no el hombre.

Cuando Jesús limpió el templo, los líderes religiosos le exigieron una señal. Pero Él les respondió con algo mucho más profundo: “Destruid este templo, y en tres días lo levantaré…” Mas él hablaba del templo de su cuerpo”.

Juan 2:19–21,

19 Jesús respondió y les dijo: Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.

20 Entonces los judíos dijeron: En cuarenta y seis años fue edificado este templo, ¿y tú lo levantarás en tres días? 21 Pero Él hablaba del templo de su cuerpo.

Muchos buscan señales. Y aun hoy, muchos no han entendido que Él mismo es la señal. Está frente a ellos, pero no lo reconocen.

Señales, Sabiduría y el Corazón que no ve

Muchos buscan señales. Y aun hoy, muchos no han entendido que Él mismo es la señal. Está frente a ellos, pero no lo reconocen.

Los hombres de su tiempo buscaban señales:

“Porque los judíos piden señales, y los griegos buscan sabiduría”; (1 Corintios 1:22).

Mateo 12:38-42,

38 Entonces le respondieron algunos de los escribas y fariseos, diciendo: Maestro, queremos ver una señal[a] de parte tuya. 39 Pero respondiendo Él, les dijo: Una generación perversa y adúltera demanda señal, y ninguna señal se le dará, sino la señal de Jonás el profeta; 40 porque como estuvo Jonás en el vientre del monstruo marino tres días y tres noches, así estará el Hijo del Hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra. 41 Los hombres de Nínive se levantarán con esta generación en el juicio y la condenarán, porque ellos se arrepintieron con la predicación de Jonás; y mirad, algo más grande que Jonás está aquí. 42 La Reina del Sur se levantará con esta generación en el juicio y la condenará, porque ella vino desde los confines de la tierra para oír la sabiduría de Salomón; y mirad, algo más grande que Salomón está aquí.

Mateo 16: 1-4,

1 Se acercaron los fariseos y los saduceos, y para probarle le pidieron que les mostrara una señal del cielo. 2 Pero él les respondió diciendo: “Al atardecer dicen: ‘Hará buen tiempo, porque el cielo está enrojecido’; 3 y al amanecer dicen: ‘Hoy habrá tempestad, porque el cielo está enrojecido y sombrío’. Saben discernir el aspecto del cielo, pero no pueden discernir las señales de los tiempos. 4 Una generación malvada y adúltera pide señal, pero no le será dada ninguna señal, sino la señal de Jonás”.

Pero Cristo es Ambas Cosas: La Señal Prometida

Isaías 7:14,

Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emanuel

Y es también la sabiduría de Dios hecha carne.

1 Corintios 1:24,

“mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios”.

Frente a ellos estaba el Autor de la vida, el Creador del universo… y no lo reconocieron.

¿No somos a veces iguales? Seguimos pidiendo pruebas, pero el testimonio ya está dado: Cristo crucificado y resucitado. Esa es la señal eterna.

Cristo es todo: poder de Dios, sabiduría de Dios, amor de Dios encarnado. Él es el cumplimiento de todo. El nuevo tabernáculo, el nuevo hombre, la nueva creación.

Perfecto Dios, perfecta unidad, perfecto ser, ¡perfecto amor!

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