Gálatas 4:24,
24 Lo cual es una alegoría, pues estas mujeres son los dos pactos; el uno proviene del monte Sinaí, el cual da hijos para esclavitud; éste es Agar. 25 Porque Agar es el monte Sinaí en Arabia, y corresponde a la Jerusalén actual, pues ésta, junto con sus hijos, está en esclavitud.
26 Mas la Jerusalén de arriba, la cual es madre de todos nosotros, es libre.
En el libro de Gálatas 4:23-26, el apóstol Pablo nos presenta una alegoría en los personajes de Sara y Agar, vemos que Sara representa la Jerusalén celestial o espiritual que opera bajo el Nuevo Pacto, solamente aquellos descendientes de Sara pueden recibir la promesa. Recordemos que Abraham tuvo dos esposas. Esta herencia se logra por un engendramiento espiritual a través del Espíritu, y no por la carne (es decir, descendencia literal de Adán o Israel). La promesa máxima dada a “Isaac” es la inmortalidad, o “vida”, que es la misma promesa dada a Eva.
Pero también debemos mirar más profundamente y ver a la mujer como la “madre espiritual de todos los vivientes”, un papel que se le dio por primera vez a Eva en:
Genesis 3:20,
20 Y el hombre llamó el nombre de su mujer, Eva, por cuanto ella era la madre de todos los vivientes.
Obviamente, Eva no era la madre de todas las criaturas vivientes en un sentido físico. No era la madre de los caballos ni del ganado. Pero representaba a la madre espiritual de todos los que estaban destinados a recibir vida (inmortalidad) al final de los tiempos. De la misma manera, María también desempeñó el papel de Eva y Sara, pues al dar a luz a Jesús, el Salvador de todos, desempeñó el mismo papel que sus predecesoras en esta gran alegoría.
Apocalipsis 12:1,
1 Apareció una gran señal en el cielo: una mujer vestida del sol, con la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.
Así, la mujer de Apocalipsis 12:1 es una ciudad espiritual representada por María, quien dio a luz al “hijo varón que regirá a todas las naciones con vara de hierro” (Apocalipsis 12:5. Sin embargo, la profecía no está completa con María, pues la misma mujer espiritual da a luz a los hijos de Dios.
El problema se encuentra en el hecho de que en realidad existen dos mujeres, no sólo una.
Sara y Agar forman el contraste en la alegoría de Pablo, la mujer libre y la esclava, cada una de las cuales produce un hijo. El estado o condición del hijo no depende de su padre, sino de su madre, pues a ella le fue dada la promesa original de ser “la madre de todos los vivientes”. Dios es el Padre en esta alegoría, y uno pensaría que Su paternidad sería suficiente para cumplir la promesa. Pero el plan divino ha tomado un giro inusual, que muestra la importancia de la madre (y esposa) en el matrimonio.
Todos los cristianos sin excepción, tienen el mismo padre. Pero no, la misma madre.
Genesis 17:17-21
17 Entonces Abraham se postró sobre su rostro y se rió, y dijo en su corazón: ¿A un hombre de cien años le nacerá un hijo? ¿Y Sara, que tiene noventa años, concebirá? 18 Y dijo Abraham a Dios: ¡Ojalá que Ismael viva delante de ti! 19 Pero Dios dijo: No, sino que Sara, tu mujer, te dará un hijo, y le pondrás el nombre de Isaac; y estableceré mi pacto con él, pacto perpetuo para su descendencia después de él. 20 Y en cuanto a Ismael, te he oído; he aquí, yo lo bendeciré y lo haré fecundo y lo multiplicaré en gran manera. Engendrará a doce príncipes y haré de él una gran nación. 21 Pero mi pacto lo estableceré con Isaac, el cual Sara te dará a luz por este tiempo el año que viene.
Dios ha cambiado el nombre de Sarai a Sara, y también les reveló que ella en verdad tendrá un hijo en su vejez, y que deben llamarlo Isaac, que significa risa. Definición Literal: El nombre Isaac, derivado del hebreo (Yitzhak), significa literalmente: él reirá, él sonreirá o “Aquel con el que Dios reirá.
Para entender el nombre, note el versículo 18 arriba, y continue leyendo hasta el capítulo 18. Abraham tenía 100 años cuando nació Isaac, y Sara tenía 90 años! Incluso considerando que la expectativa de vida era más larga en ese entonces, ella todavía estaba muy pasada de edad para tener hijos. Dios trabaja en Su tiempo y en Sus maneras, y eso siempre puede ser frustrante para nosotros los humanos que somos muy impacientes. Requerirá fe y obediencia continuas de nuestra parte (como con Abraham y Sara).
Sin embargo, el verdadero punto en el que debemos centrarnos con este pasaje es que Isaac será contado como descendencia (no Ismael), y por lo tanto las promesas del pacto continuarán a través de él y su descendencia. Aun así, Dios dijo que bendeciría y multiplicaría a Ismael, como Abraham le pidió que hiciera, obviamente no queriendo que su hijo quedara desolado. Debemos darnos cuenta de que siempre fue el plan de Dios proveer un heredero de Su propia elección, porque todo era primordial para traer al descendiente más importante, que conduciría a Su pueblo a la verdadera tierra prometida, el reino de Dios.
Como veremos, verificado y explicado en los pasajes del Nuevo Testamento, las profecías acerca de Isaac también se refieren a Jesús. Hay varios paralelos proféticos entre Isaac y Jesús. Tres de los más significativos son: ambos eran “hijos de la promesa”, ambos tuvieron un nacimiento milagroso, y el sacrificio (casi) de Isaac también fue un paralelo al sacrificio de Jesús en la cruz por los pecados de la humanidad. Es esta conexión profética entre Isaac y Jesús lo que realmente es uno de los puntos más importantes de este estudio.
Como se mencionó, Ismael no es contado como descendencia del pacto, lo que significa que Agar e Ismael tuvieron que ser “expulsados”, en otras palabras, de la familia. Tenga presente el contraste entre la carne y el espíritu mientras lee.
Génesis 21:9-14,
9 Y Sara vio al hijo que Agar la egipcia le había dado a luz a Abraham burlándose de su hijo Isaac, 10 y dijo a Abraham: Echa fuera a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de ser heredero juntamente con mi hijo Isaac. 11 Y el asunto angustió a Abraham en gran manera por tratarse de su hijo. 12 Mas Dios dijo a Abraham: No te angusties por el muchacho ni por tu sierva; presta atención a todo lo que Sara te diga, porque por Isaac será llamada tu descendencia. 13 Y también del hijo de la sierva haré una nación, por ser tu descendiente.14 Se levantó, pues, Abraham muy de mañana, tomó pan y un odre de agua y los dio a Agar poniéndoselos sobre el hombro, y le dio el muchacho y la despidió. Y ella se fue y anduvo errante por el desierto de Beerseba.
Agar e Ismael fueron desterrados de la congregación/familia, pero con una promesa confirmada de bendecir a Ismael. Además, si usted continúa leyendo en su Biblia (después del pasaje anterior), verá que Dios también ayudó a cuidar de Agar e Ismael en el desierto. Nuevamente, el punto crítico que debemos entender es que Agar e Ismael no debían participar de las promesas/herencia (con Isaac). Más adelante veremos que este es un paralelo y punto de comprensión clave en una alegoría de la carne al espíritu que Pablo explica en Gálatas.
Circuncisión del Corazón
Romanos 4:16,
6 Por eso es por fe, para que esté de acuerdo con la gracia, a fin de que la promesa sea firme para toda la posteridad, no sólo a los que son de la ley, sino también a los que son de la fe de Abraham, el cual es padre de todos nosotros.
Debemos darnos cuenta de que muchos aspectos del antiguo pacto eran físicos/carnales (es decir, mediador literal, físico, tabernáculo/sacrificios físicos, tierra prometida literal), y que todos estos aspectos literales apuntaban a asuntos y realidades espirituales, la mayoría de los cuales entraron en pleno efecto bajo el nuevo pacto.
Por consiguiente, examinemos el significado espiritual más profundo de la circuncisión. La señal física del pacto con Abraham era la circuncisión para los varones, es decir, la extirpación del prepucio (de los genitales). Sin embargo, debemos entender que, sin la circuncisión del corazón, el corte físico no beneficiaría en nada al pueblo, y seguirían muertos en sus pecados. La circuncisión del corazón/espíritu es lo que Dios requirió (y todavía lo hace), lo que para los que estamos bajo el nuevo pacto es equivalente a la imputación de justica y el perdón de pecados, que es de hecho lo que la circuncisión física indicaba.
Considere las siguientes reprensiones y estos pasajes dados por Dios (a través de Moisés) con respecto a la circuncisión del corazón, después de que los israelitas se habían revelado continuamente y errado en el desierto por muchos años.
Deuteronomio 10:15-17,
15 Sin embargo, el Señor sintió afecto por tus antepasados y los amó; y a ti, que eres su descendencia, te eligió de entre todos los pueblos, como lo vemos hoy. 16 Por eso, circunciden sus corazones y ya no sean tercos.
17 Porque el Señor su Dios es Dios de dioses y Señor de señores; él es el gran Dios, poderoso y terrible, que no actúa con parcialidad ni acepta sobornos.
Levítico 26:40-42,
40 Si confiesan su iniquidad y la iniquidad de sus antepasados, por las infidelidades que cometieron contra Mí, y también porque procedieron con hostilidad contra Mí,
41 (Yo también procedía con hostilidad contra ellos para llevarlos a la tierra de sus enemigos), o si su corazón incircunciso se humilla, y reconocen sus iniquidades, 42 entonces me acordaré de Mi pacto con Jacob, me acordaré también de Mi pacto con Isaac y de Mi pacto con Abraham, y me acordaré de la tierra.
Deuteronomio 30:6-8,
6 Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas. 7 Y pondrá Jehová tu Dios todas estas maldiciones sobre tus enemigos, y sobre tus aborrecedores que te persiguieron. 8 Y tú volverás, y oirás la voz de Jehová, y pondrás por obra todos sus mandamientos que yo te ordeno hoy.
Vemos que los israelitas eran un pueblo desobediente en general, en otras palabras, sus corazones eran incircuncisos. ¿Sabía que toda la razón o el contexto del libro de Deuteronomio surgió debido a su continua rebelión? De hecho, Deuteronomio contiene las palabras finales de Moisés a los hijos de Israel antes de que entraran en la tierra de Canaán con Josué como su líder. El título del libro significa “segunda ley”. Expresa el latín deuteronomium, el griego to deuteronomion, el hebreo mshnh, y significa “copia” o “duplicado” en lugar de “repetición”. Los textos mismos aparentan requerir este significado, pues Deuteronomio 17:18 dice: “Cuando suba al trono real, deberá escribir esta Ley para su uso, copiándola del libro de los sacerdotes levitas”. Y en Josué 8:32: “Y escribió sobre piedras una copia de la Ley de Moisés, que él había ordenado ante los israelitas.”
Como tal, los israelitas fueron sometidos a juicios mucho más estrictos de parte de Dios. Es por eso que todos los mandamientos anteriores fueron recitados al pueblo (junto con algunos nuevos) antes de entrar en la tierra de Canaán, y fueron acompañados por muchas bendiciones y maldiciones. No tenemos tiempo para profundizar en este aspecto, pero la continua rebelión de los israelitas, y su divorcio final de Dios con Israel deben entenderse para alinear adecuadamente otros conceptos o estudios, y de hecho para entender la progresión de la profecía, y del plan de Dios para la salvación de todas las naciones.
Aquí vemos el problema: Génesis 17:14, “Mas el varón incircunciso, que no es circuncidado en la carne de su prepucio, esa persona será cortada de {entre} su pueblo; ha quebrantado mi pacto”.
Al observar el pasaje de Levítico, ¿se dio cuenta del uso de las palabras “si” y “entonces”?
Es obvio que las promesas del antiguo pacto de Dios con Israel fueron condicionales (como se discutió anteriormente), lo que significa que dependían de la obediencia. La mayoría de los israelitas que vagaron por el desierto nunca entraron en la tierra prometida literal (Canaán) debido a su continua desobediencia, lo que significa que sus corazones nunca fueron verdaderamente circuncidados. Solo Josué y Caleb, los dos espías que dieron un informe fiel, entraron, junto con la siguiente generación de israelitas. Y en mi entendimiento, incluso a esta generación se le permitió entrar únicamente sobre la base de preservar el linaje o descendencia que eventualmente conduciría a Jesús.
De hecho, Dios estaba tan dolido por la rebelión de su pueblo, que cuando ocurrió el incidente del becerro de oro, Él estaba dispuesto a destruirlos, y comenzar de nuevo con Moisés.
Éxodo 32:9-14,
9 Dijo más Jehová a Moisés: Yo he visto a este pueblo, que por cierto es pueblo de dura cerviz.
Éxodo 32:4-6,
6 Y él los tomó de sus manos y les dio forma con buril, e hizo de ellos un becerro de fundición. Y ellos dijeron: Este es tu dios, Israel, que te ha sacado de la tierra de Egipto.
Éxodo 32:10-14,
10 Ahora, pues, déjame que se encienda mi ira en ellos, y los consuma; y de ti yo haré una nación grande. 11 Entonces Moisés oró en presencia de Jehová su Dios, y dijo: Oh Jehová, ¿por qué se encenderá tu furor contra tu pueblo, que tú sacaste de la tierra de Egipto con gran poder y con mano fuerte? 12 ¿Por qué han de hablar los egipcios, diciendo: ¿Para mal los sacó, para matarlos en los montes, y para raerlos de sobre la faz de la tierra? Vuélvete del ardor de tu ira, y arrepiéntete de este mal contra tu pueblo. 13 Acuérdate de Abraham, de Isaac y de Israel tus siervos, a los cuales has jurado por ti mismo, y les has dicho: Yo multiplicaré vuestra descendencia como las estrellas del cielo; y daré a vuestra descendencia toda esta tierra de que he hablado, y la tomarán por heredad para siempre. 14 Entonces Jehová se arrepintió del mal que dijo que había de hacer a su pueblo.
Números 14:12,
12 Los heriré con pestilencia y los desalojaré, y a ti te haré una nación más grande y poderosa que ellos.
Deuteronomio 9:14,
14 Déjame que los destruya y borre su nombre de debajo del cielo; y de ti haré una nación más grande y más poderosa que ellos.
Fue la intercesión de Moisés por ellos lo que cambió la mente de Dios, lo que incluyó (de manera bastante reveladora) recordarle a Dios las promesas que Él había hecho a Abraham, Isaac y Jacob.
Salmos 106:23,
23 El dijo que los hubiera destruido, de no haberse puesto Moisés, su escogido, en la brecha delante de Él, a fin de apartar su furor para que no los destruyera.
Aunque no estamos analizando en profundidad los relatos de la vida de Isaac y Jacob, es evidente que las promesas del pacto se confirmaron con ellos y a través de ellos. Si volvemos a Levítico 26 (arriba), notaremos que hay una verificación de este punto (v. 42). También en consonancia con esto está el hecho de que a menudo se hace referencia a Dios como el “Dios de Abraham, Isaac y Jacob”.
Veamos un pasaje profético que señala el nuevo pacto y a los que nacen de nuevo por el Espíritu Santo. Creo que encontrarán que esta es una conexión clave con los puntos anteriores sobre Abraham, Isaac y Jacob, así como una revelación asombrosa sobre nuestra verdadera identidad como creyentes.
Isaías 44:1-2,
1 AHORA OYE, JACOB MI SIERVO, E ISRAE, A QUIEN HE ESCOGIDO:
2 Así dice Jehová, Hacedor tuyo, y el que te formó desde el vientre, el cual te ayudará: No temas, Jacob, siervo mío, Ni tú, Jesurún, a quien yo escogí.
El término “Jesurún” significa (el que es recto). Esta sección está dirigida a Jacob, Israel y Jesurún, nombres (o características) diferentes del mismo grupo de personas. El profeta parece indicar que Jacob (“usurpador, engañador”) es “Mi siervo”, Israel es el “escogido” y Jesurún es el “recto”. (Jesurún es un nombre que Moisés usó para referirse a Israel en Deuteronomio 33:5.)
El Dios de Israel, salva a todos por el poder de su propia voluntad, la cual expresó muchas veces como voto, juramento o promesa. Quien hace la promesa es el responsable de cumplirla, y si el hombre pudiera anular la promesa de Dios por el poder de su propia voluntad, entonces Dios no debería haber hecho promesas que no podía cumplir.
El Nuevo Pacto es exclusivo del cristianismo (verdadero). Ninguna otra religión basa su salvación en el Nuevo Pacto. De hecho, la mayoría de los cristianos no entienden realmente el Nuevo Pacto. La mayoría son creyentes del Antiguo Pacto (jacobitas) que todavía están en formación. Afortunadamente, el Nuevo Pacto no puede fallar, incluso cuando los hombres lo malinterpretan, porque las promesas de Dios están arraigadas en la soberanía de Dios.
Isaías 44:3-6,
3 Porque yo derramaré aguas sobre el sequedal, y ríos sobre la tierra árida; mi Espíritu derramaré sobre tu generación, y mi bendición sobre tus renuevos;
4 y brotarán entre hierba, como sauces junto a las riberas de las aguas.
5 Este dirá: Yo soy de Jehová; el otro se llamará del nombre de Jacob, y otro escribirá con su mano: A Jehová, y se apellidará con el nombre de Israel.
6 Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios.
Es importante entender este pasaje (v. 5) todo aquel que entra en pacto con Dios a través de la fe en Jesús, es contado como un descendiente de Abraham, Isaac y Jacob, y por lo tanto también es un heredero de las promesas del pacto. Como tal, es contado como el pueblo de Dios, que siempre ha sido y siempre será conocido como Israel. ¡Eso significa que una vez que hemos sido salvos, nos convertimos en israelitas! Sin olvidarnos, ni desechar aquellos que son descendientes literales de Abraham y herederos también de las promesas a través de Jesucristo.
El hecho de que alguien pueda rastrear su genealogía hasta una tribu de Israel no hace que esa persona sea “escogida” como parte del remanente elegido de la gracia. En segundo lugar, vemos que todos los miembros del remanente elegido tienen una cosa en común: tienen FE. Son diferentes del israelita común, mientras que el israelita común apenas se diferenciaba en sus acciones del no israelita común.
El nombre de Jacob (que significa “engañador/suplantador”) fue cambiado a Israel el nombre hebreo: Yīsrāʾēl; Septuaginta, griego antiguo: Israēl, “El (Dios) persiste/gobierna”) se refiere al patriarca Jacob, a quien, de acuerdo a la Biblia, se le dio el nombre después de luchar con el ángel del Señor. Jacob ya no es un usurpador ni un engañador; finalmente reconoce que “Dios gobierna”, porque ese es el significado de Israel.
Es esencial para una correcta comprensión de la Biblia que reconozcamos la diferencia entre “Los hebreos”, “La casa de Israel”, “La casa de Judá” y “Los judíos”.