Su Fundamento

Somos hechura suya: Creados por Dios y para Dios (Parte 3)

Hechura de DIOS: Perfección, Proceso y Redención

El proceso de la creación espiritual es continuo y progresivo. La Escritura nos muestra que, desde el Edén hasta el tiempo presente, Dios ha estado trabajando en la humanidad para perfeccionarla según su propósito eterno. Efesios 2:10 nos recuerda que somos poiēma, la obra maestra de Dios, diseñada con intencionalidad y destinada a la bondad.

Isaías 44:21-22,

21 Acuérdate de estas cosas, oh Jacob, e Israel, porque mi siervo eres. Yo te formé, siervo mío eres tú; Israel, no me olvides. 22 Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí.

Esto evidencia que la redención es completamente iniciativa de Dios, basada en su carácter santo y su propósito eterno.

San Agustín comenta: “El hombre es barro en manos del alfarero; Dios lo moldea según su voluntad y gracia.”

La reconciliación como obra soberana

2 Corintios 5:18-21 enseña que Dios nos reconcilió a sí mismo por Cristo y nos confió el ministerio de la reconciliación:

18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación; 19 que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados, y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación.

20 Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios. 21 Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.

La reconciliación no depende del hombre; somos instrumentos y no artífices de la obra.

La reconciliación es un acto unilateral de Dios; nuestra participación es siempre receptiva, nunca creativa. Ireneo de Lyon destaca que Cristo es el eje central que recapitula y reinicia la creación humana caída.

Dios ha ordenado todo para que, en Cristo, la humanidad sea restaurada. Todo tiene un tiempo y un propósito: Cristo como primicia, luego los que son de Él, y finalmente la plenitud de la creación espiritual.

Ireneo escribió: “El hombre, en su estado final, reflejará plenamente la gloria de Dios, como Cristo lo refleja ahora.”

Agustín añade: “La gracia hace del barro la vasija de honor, perfecta en su tiempo.”

El hombre, imperfecto, en su estado natural, es objeto de la obra transformadora de Dios. La soberanía divina garantiza que la creación espiritual culminará en Cristo. Todo defecto temporal, fracaso o lucha humana está bajo la providencia de Dios y sirve a su propósito eterno.

El creyente descansa en la seguridad de que toda la obra es de Dios, desde el principio hasta la consumación, y que su participación es recibir, obedecer y glorificar al Creador.

La creación eterna del hombre espiritual

El profeta Isaías destaca la acción poderosa y constante de Dios redimiendo a su pueblo:

Isaías 44:23-24,

23 Cantad loores, oh cielos, porque Jehová lo hizo; gritad con júbilo, profundidades de la tierra; prorrumpid, montes, en alabanza; bosque, y todo árbol que en él está; porque Jehová redimió a Jacob, y en Israel será glorificado.

24 Así dice Jehová, tu Redentor, que te formó desde el vientre: Yo Jehová, que lo hago todo, que extiendo solo los cielos, que extiendo la tierra por mí mismo;

Ezequiel 36:16-32 describe cómo Dios, pese a la perversidad de Israel, promete purificación y restauración basándose en su nombre, no en los logros o las virtudes humanas.

16 Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: 17 Hijo de hombre, mientras la casa de Israel moraba en su tierra, la contaminó con sus caminos y con sus obras; como inmundicia de menstruosa fue su camino delante de mí. 18 Y derramé mi ira sobre ellos por la sangre que derramaron sobre la tierra; porque con sus ídolos la contaminaron. 19 Les esparcí por las naciones, y fueron dispersados por las tierras; conforme a sus caminos y conforme a sus obras les juzgué. 20 Y cuando llegaron a las naciones adonde fueron, profanaron mi santo nombre, diciéndose de ellos: Estos son pueblo de Jehová, y de la tierra de él han salido. 21 Pero he tenido dolor al ver mi santo nombre profanado por la casa de Israel entre las naciones adonde fueron.

25 Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré. 26 Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne. 27 Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

Ezequiel 20:9, 14, 22;

9 Con todo, a causa de mi nombre, para que no se infamase ante los ojos de las naciones en medio de las cuales estaban, en cuyos ojos fui conocido, actué para sacarlos de la tierra de Egipto.

14 Pero actué a causa de mi nombre, para que no se infamase a la vista de las naciones ante cuyos ojos los había sacado.

22 Mas retraje mi mano a causa de mi nombre, para que no se infamase a la vista de las naciones ante cuyos ojos los había sacado.

Esto muestra que la obra es soberana y deliberada, garantizando que nada falle. El hombre, imperfecto y crudo, es objeto de la obra transformadora de Dios. La soberanía divina asegura que la creación espiritual alcanzará su consumación en Cristo. Toda imperfección temporal sirve al propósito eterno del Padre.

Ireneo escribió: “El hombre, en su estado final, reflejará plenamente la gloria de Dios, como Cristo lo refleja ahora.”

Agustín añade: “La gracia hace del barro la vasija de honor, perfecta en su tiempo.”

Esta es la esperanza del creyente: descansar en la obra consumada de Dios, mientras es formado día a día en su imagen.

La Consumación de la hechura divina y la Glorificación del Hombre

Desde la creación hasta la redención, todo está orientado hacia un único fin: que el hombre sea glorificado a imagen de Dios en Cristo. Esta consumación no es producto humano, sino resultado de la gracia y soberanía divinas.

Romanos 8:29-30,

29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a los que predestinó, a estos también llamó; y a los que llamó, a estos también justificó; y a los que justificó, a estos también glorificó.

Agustín comenta: “Dios, en su eternidad, vio nuestra glorificación y la trazó desde el principio.”

La glorificación: objetivo de la creación espiritual

La glorificación es el estado en el que el creyente alcanza plenitud en santidad y semejanza a Cristo. Es el término del proceso de santificación y madurez espiritual.

En el libro de colosenses, el apóstol Pablo hace énfasis que en Cristo todas las cosas deben ser reconciliadas y completadas,

Colosenses 1:19-20,

19 por cuanto agradó al Padre que en él habitase toda plenitud, 20 y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz.

EL apóstol Pablo nos describe el proceso de santificación, cómo el vaso útil y limpio se guarda para la gloria del Señor.

2 Timoteo 2:21,

21 Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra.

Ireneo escribe: “La consumación de la humanidad no es abstracta; se encuentra en Cristo, y todos los que son de Él participan de esa gloria.”

1 Corintios 15:42-49 compara el cuerpo natural y el espiritual, mostrando que la glorificación es transformación integral:

42 Así también es la resurrección de los muertos. Se siembra en corrupción, resucitará en incorrupción. 43 Se siembra en deshonra, resucitará en gloria; se siembra en debilidad, resucitará en poder. 44 Se siembra cuerpo animal, resucitará cuerpo espiritual. Hay cuerpo animal, y hay cuerpo espiritual.

45 Así también está escrito: Fue hecho el primer hombre Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu vivificante. 46 Mas lo espiritual no es primero, sino lo animal; luego lo espiritual. 47 El primer hombre es de la tierra, terrenal; el segundo hombre, que es el Señor, es del cielo. 48 Cual el terrenal, tales también los terrenales; y cual el celestial, tales también los celestiales. 49 Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial.

Atanasio afirma: “El hombre no solo será salvo, sino elevado a participar de la naturaleza divina.”

La glorificación implica: Redención completa del pecado, Restauración plena a la imagen de Cristo, Participación plena en la vida eterna.

En el siguiente pasaje en el libro de efesios vemos cómo toda la obra de Dios se manifiesta plenamente en Cristo, quien revela el plan eterno para salvar al ser humano.

Efesios 1:10-12,

10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo.

Cada etapa, desde la creación, caída, redención y santificación, conduce a la glorificación final.

Calvino comenta: “Nada en la historia de la salvación es improvisado; todo converge hacia el triunfo de Cristo y de su Iglesia.”

Entender que la glorificación de la humanidad es un proceso que requiere tiempo nos invita a cultivar paciencia. Esto, a su vez, fortalece nuestra seguridad y esperanza, confiando plenamente en que nada ni nadie puede frustrar el perfecto plan de Dios.

Tras el primer paso de la justificación, el cristiano inicia el camino de la santificación, su segunda experiencia espiritual, que debe recorrer con paciencia. En este proceso, la perfección o madurez espiritual no se logra en lo terrenal, sino que se encuentra plenamente en Cristo, quien perfecciona nuestra vida día a día.

Nuestro caminar es Cristo, y sé que no es fácil cuando estamos en medio de muchas dificultades y tribulaciones, pero tenemos muchos ejemplos y debemos enfocarnos en lo eterno, sabiendo que nuestro dolor se convertirá en Gozo. Cada acto de obediencia es parte del proceso que culmina en gloria.

Hebreos 12:2,

2 puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios.

Confianza ante el sufrimiento, cada prueba perfecciona nuestra imagen en Cristo,

Hebreos 12:10,

10 Y aquellos, ciertamente por pocos días nos disciplinaban como a ellos les parecía, pero este para lo que nos es provechoso, para que participemos de su santidad.

El ser humano es una obra de arte en manos de Dios. Desde el polvo de Adán hasta la glorificación final, todo está en la soberanía de Dios. La obra de Dios es perfecta, y culminará con la humanidad reflejando plenamente la gloria de Cristo.

San Agustín concluye: “La obra de Dios sobre el hombre es eterna; Él nos creó, nos redimió y nos glorificará. Nuestro descanso está en esta obra perfecta.”

Por eso el apóstol Pablo insiste:

Romanos 11:36,

36 Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.

Todo esto proviene de Dios

1 Corintios 11:12,

12 porque así como la mujer procede del varón, también el varón nace de la mujer; pero todo procede de Dios.

2 Corintios 5:18,

18 Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo, y nos dio el ministerio de la reconciliación;

Hace todas las cosas según el designio de su voluntad.

Efesios 1:11,

11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,

Por quien son todas las cosas

Hebreos 2:10,

10 Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.

¿Fue Pablo negligente? No. Él sabía exactamente lo que decía. Dios está en todo. No en sentido panteísta, o la idea de que Dios es la naturaleza, la naturaleza es Dios, sino que nuestro Dios, es un Dios soberano. Nada sucede fuera de su gobierno.

Mateo 10:29,

29 ¿No se venden dos pajarillos por un cuarto? Con todo, ni uno de ellos cae a tierra sin vuestro Padre.

Lucas 12:6,

6 ¿No se venden cinco pajarillos por dos cuartos? Con todo, ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.

Si Dios cuida: aves, hierba, estrellas, ¿No cuidará de su obra mayor: el hombre? Somos hechura suya, no nos creamos, no nos transformamos, no nos perfeccionamos a nosotros mismos. Un recordatorio de verdades elementales: Todo empieza en Dios, continúa en Dios, termina en Dios. El hombre es barro. Dios es el alfarero.

Y Él completará su obra

Filipenses 1:6,

6 estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;

Espero que puedan reconocer la centralidad de Dios en todo proceso espiritual y descansen en la certeza de su obra consumada, anticipando la glorificación que Él nos ha prometido y asegurado.

Esto reafirma que la soberanía de Dios y la condición de poiēma del creyente no son ideas incoherentes, o meras doctrinas abstractas, sino realidades prácticas y consoladoras. La vida cristiana no es un esfuerzo humano aislado, sino un proceso de ser transformados por la gracia, guiados por Cristo, y perfeccionados por el Padre.

Agustín concluye: “Morimos a nosotros mismos para vivir en Dios; somos hechos por Él, sostenidos por Él, y glorificados por Él.”

Descansemos en la certeza de que toda la obra de Dios es perfecta, inmutable y conducirá a la humanidad a la plenitud de su gloria. Este es el verdadero fundamento de la fe, el gozo y la esperanza cristiana.

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